Ballotage Elecciones 2015: Scioli, Macri, forma, contenido y odio prepolítico
La performance de Cambiemos y del propio Mauricio Macri en las Generales del pasado domingo sorprendió a propios y extraños. Mientras el FpV no logra salir del estupor, desde el PRO se preparan para dar el batacazo en segunda vuelta. Sin embargo, el análisis del presente político obliga a realizar ciertas preguntas: ¿Qué se vota? ¿Por qué? ¿Por qué las "formas" y los "modales" parecen imponerse a los proyectos? ¿Por qué, en algunas sectores, parece primar el odio prepolítico incluso contra los propios intereses?
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Opinión por Emmanuel Rossi
Periodista de La Noticia 1
Entre los aciertos de Mauricio Macri en el marketing proselitista se encuentra el de haber sabido no confrontar directamente con sus adversarios, y plantear propuestas abstractas ("vivir mejor", "todos juntos vamos a mejorar el país", "cambio", "tengo equipos", etc.). El propio dirigente del PRO Federico Sturzenegger reveló que el asesor del macrismo Jaime Durán Barba recomendó no ser puntual en las propuestas políticas y después a la hora de gestionar ver qué hacer...
Sin embargo, al pensar el futuro del país vale preguntarse qué postura tomará el Ingeniero en caso de ser electo, porque si bien sus fundamentos epistemológicos son palmarios y también su ideología (aunque algunos sectores se empeñan en decir que la ideología no existe, algo imposible porque todo ser humano posee una cosmovisión y, entre otros ámbitos, en el PRO se ha cristalizado a la hora de votar en el Congreso, por ejemplo, no validando el traspaso al Estado de los fondos de las AFJP, o la fertilización asistida gratuita, o el matrimonio igualitario, etc.), sus propuestas han variado hasta la contradicción.
Verbigracia, Macri ha afirmado tiempo atrás: "Al no poder devaluar, tenemos que bajar los costos y lo salarios son un costo más", es decir, hay que bajar salarios. Sin embargo, el líder del PRO en esta campaña lanzó el slogan: "Pobreza cero".
A su vez, ya ha dicho que él volvería a privatizar la difusión del fútbol local, pero ahora afirma que no, que continuará el Fútbol para Todos, pero con publicidad privada.
Además, el PRO votó en el Parlamento la Ley del 82% móvil para los jubilados, y Macri criticó la postura del oficialismo, que terminó vetando la norma. Sin embargo, ahora el candidato de Cambiemos dice que es difícil de aplicar y que va a consultarle a Sergio Massa sobre esa propuesta porque a él no le dan las cuentas.
Tampoco está claro qué ocurrirá con el valor del dólar, ya que Macri afirmó que de ganar el 11 de diciembre levantará el cepo y lo dejará libre, pero sus economistas salieron a desmentirlo, ya que eso generaría que la población se vuelque a los bancos a comprar moneda norteamericana, y por ende suba exponencialmente su valor (lo que generaría una reducción del salario real) y disminuyan las reservas del Estado.
En tanto, el levantamiento de las retenciones al agro daría como resultado un incremento de los precios internos y menor recaudación para el Estado, acción que choca con la idea de reducir la inflación que propone Cambiemos.
Y estos ejemplos abundan. Sin embargo, se multiplican los casos de ciudadanos que mantienen un odio prepolítico contra el kirchnerismo, y que no han titubeado en votar a cualquiera que le gane más allá de toda discusión de fondo.
Por supuesto que existen personas que no comulgan con las ideas del FpV, pero da la impresión de que las "formas", "los modales", del PRO le ganaron a la impronta, que muchos con razón denominan "soberbia", del kirchnerismo.
Por odio prepolítico entiendo a ese sentimiento que está antes de cualquier debate y que rechaza, a priori, las ideas subyacentes.
No son pocos los que reconocen mejorías económicas y sociales gracias a las políticas impulsadas por Néstor y Cristina Kirchner; no obstante, no dudaron en poner la boleta de Cambiemos en la urna.
En este marco, colocar a Aníbal Fernández como candidato a Gobernador bonaerense (teniendo en cuenta que la Provincia es la madre de todas las batallas) demuestra que el oficialismo no leyó (no pudo o no quiso) este malestar, malestar que poco tenía que ver con la gestión.
A su vez, si bien es necesario reconocer los graves déficits que padece la Provincia desde hace años, se destaca que el Gobernador Daniel Scioli ganó en su territorio pero Aníbal Fernández fue derrotado (y denunció "traición" por parte de sus correligionarios).
En tanto, el postulante a la Presidencia por el kirchnerismo, con el lógico desgaste de pertenecer al Gobierno de turno, no ha logrado con propuestas seducir al electorado, sumado a problemas internos del PJ y de identidad. No es extraño que ahora haya salido a decir que va a ser "más Scioli que nunca".
Además, los múltiples problemas no resueltos por el oficialismo (avance del delito, narcotráfico, inflación, precarización laboral, deserción escolar, etc.) fueron motivo de castigo en las urnas, a pesar de haber elegido, en contrapartida, a alguien que no ha dado muestras claras de cómo los va a resolver, es decir, no ha cristalizado propuestas de acciones fácticas. Por ejemplo: ¿Cómo va a solucionar Macri el problema de la inseguridad? No se sabe.
En este sentido, los avances sociales y económicos (con los inconvenientes presentes) y las ideas empíricas fueron dejadas de lado en función de un modo de hacer política (o al menos, una postura). Vale destacar que este escrito no afirma que un espacio partidario es puro contenido y otro pura forma. Eso sería ridículo. Lo que se plantea es la valoración que un sector del electorado hace a la hora de expresarse en las urnas, es decir, qué privilegia y qué exige.
"Mientras pierda el kirchnerismo, todo lo demás no me importa", es una frase que se repite. Incluso el propio líder del PRO reconoció el domingo que obtuvo muchos sufragios de personas que no piensan que es la mejor opción. Y también Sergio Massa se basaba en esta idea, asegurando que en una segunda vuelta él le ganaría al FpV, ya que la mayoría de los votantes del PRO se inclinaría por él con tal de vencer al oficialismo.
Más allá de las virtudes y flaquezas de Macri y de Scioli, no tener en cuenta el rumbo del país, que va a ser diferente según quien gane es, al menos, imprudente, en cualquier sentido. Sin embargo, es lícito afirmar que la existencia de un sector harto del Gobierno tiene, en gran medida, al propio Gobierno como responsable...
Más allá de quién triunfe en el ballotage, es necesario que cada uno vote según su propia ideología, y teniendo plena conciencia del país que propone cada candidato según iniciativas claras, honestas y realizables. Sea Scioli o sea Macri.
El pensador italiano Antonio Gramsci llamaba a pasar del sentido común al Buen Sentido para que, entre otras cosas, las personas no persigan políticas (o voten a políticos) que atenten contra sus propios intereses de clase.