De la posverdad a la eficacia empírica: Las acciones del macrismo contra los docentes
Va de suyo que, para avanzar hacia transformaciones materiales y estructurales, primero es necesario trastocar las fuerzas simbólicas del sistema social para generar legitimidad y/o consenso. El Gobierno de Mauricio Macri lo sabe y, por estos días, la actividad docente está en la mira. Con determinadas argucias, Cambiemos busca hegemonizar la puja, generar una fuerte reducción del salario real y, lo más importante, doblegar al resto de los trabajadores, ya que una victoria en las paritarias con los maestros puede servir como ejemplo aleccionador.
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Por Emmanuel Rossi
Periodista de La Noticia 1
¿Cómo justificar la eliminación arbitraria de la paritaria nacional docente? ¿Cómo justificar un ofrecimiento porcentual irrisorio de aumento olvidando, a su vez, la pérdida del poder adquisitivo del salario durante el año pasado producto de la altísima inflación? ¿Cómo justificar que el no inicio de clases es por culpa de los docentes e, incluso, del kirchnerismo?
Así planteado parece una tarea harta compleja de llevar a cabo, pero el macrismo (y los sectores políticos no partidarios que lo conforman, como los grandes medios de comunicación) apuestan por justificar lo injustificable.
La decisión del Presidente de borrar de un plumazo la ley que garantiza la negociación paritaria a nivel nacional se corrió de la agenda. Es esa misma decisión la que generó el llamado al paro por 48 en casi todo el país en el inicio del ciclo lectivo. Sin embargo, desde el oficialismo optaron por hacerse los desentendidos y provincializar el conflicto. El propio Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, al ser consultado sobre el paro en Capital disparó contra los docentes locales al señalar que, fuese cual fuese la oferta que hiciera su gestión, “ellos iban a la huelga de todos modos”. Lo que no dice el alcalde de la Ciudad es que la medida de fuerza obedece a otra razón: el no acatamiento de Mauricio Macri de una ley aprobada por el Congreso (Ley 26.075 de Financiamiento Educativo).
Esta dinámica para desviar el eje de discusión se repite también en la Provincia de Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal encabeza la cruzada contra los gremios docentes y, por contigüidad, contra todos los gremios (no en vano se plegaron a la huelga iniciada este lunes otros sectores, como los estatales de ATE, los médicos de Cicop y los judiciales de la AJB). Sucede que esta batalla es crucial para una administración que busca una brusca reducción del salario del conjunto de los trabajadores y la imposición de un nuevo modelo redistributivo.
La cobertura mediática y la lógica reproductivista no son elementos menores en esta disputa por el sentido, donde se apunta a deslegitimar a los sindicatos y su accionar, y a relativizar la actividad docente desjerarquizando la profesión, todo envuelto en la arcaica lógica del “ellos y nosotros”, “amigo – enemigo”.
El surgimiento de los “voluntarios” (con el aval y beneplácito del oficialismo) es la muestra fehaciente del menosprecio por el trabajo docente: su irrupción (impostada o no) no es sólo una acción “carnera”; lo que viene a decir, además, es: “cualquiera puede hacer el trabajo de un maestro (y, a su vez, hacerlo gratis)”.
Es cierto que el avance de un discurso de desprestigio hacia la actividad docente no nació con la Presidencia de Mauricio Macri (el kirchnerismo, incluso, también realizó su aporte). Lo que sí hizo el Gobierno de Cambiemos fue aprovechar esa tópica -adecuándose al auditorio- para potenciarla y usarla a su favor.
En tanto, la elección de Roberto Baradel, titular del gremio bonaerense Suteba, como enemigo público número uno no fue una casualidad. El Gobierno utilizó la imagen del sindicalista como la síntesis de todos los males desplegando una fuerte trama argumentativa con el objetivo principal de mellar los reclamos de los maestros.
La ligazón de Baradel con un sector del Frente para la Victoria le permite al macrismo insistir con su cliché (el mismo que usa en cada medida de fuerza en su contra) de que detrás de los reclamos en realidad lo que está presente es una intencionalidad política partidaria, en este caso, del kirchnerismo (la excusa de “la pesada herencia” es utilizada aquí una vez más).
Asimismo, la consolidación de la suspicacia acerca de que el gremialista es un preceptor y no un docente sirve para, por un lado, menoscabar su legitimidad sindical y, por otro, presentarlo como portador de intereses divergentes del sector que representa.
Hasta el peligroso ninguneo del Jefe de Estado en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso estuvo destinado a crear sentido. “No creo que Baradel necesite que alguien lo cuide”, dijo Macri por cadena nacional, despertando el aplauso de sus funcionarios, desconociendo las reiteradas denuncias que el sindicalista viene haciendo por amenazas de muerte contra sus hijos.
“¿Quién es Roberto Baradel, el gremialista que amenaza con frenar el comienzo de clases?”, tituló días atrás el diario La Nación. Esa pregunta (retórica, por supuesto) aglutina el espíritu que la alianza gobernante quiere imprimirle al líder de Suteba. No está demás reiterar que 22 provincias adhirieron al paro nacional por decisión de sus propios representantes distritales, mientras que otras 2 optaron por comenzar el ciclo lectivo 2017. Sin embargo, la elección de Baradel como contracara personificada y unívoca es más fructífera para el PRO a la hora de generar eficacia simbólica en la población, tratando de ocultar que la responsabilidad por las aulas vacías es del Gobierno y no de una persona y/o un gremio. En definitiva, denigrar a los maestros vía Baradel (con preminencia de recursos ad hominem) es más efectivo que denigrar a los maestros de manera directa y totalizante.
En este marco, a pesar de las presiones y amenazas, los docentes paran en todo el país, librando una pelea no sólo por la legítima recomposición salarial sino, además, por la hegemonía argumental que, de inclinarse en su contra, puede pulverizar sus demandas y, además, solidificarse para avanzar luego sobre el resto de los trabajadores. Porque el ajuste requiere, necesariamente, del correspondiente relato que lo avale.