Macri y La Carta Robada
Quizás una de las singularidades más importantes de Cambiemos tenga que ver con el rédito que obtiene de la obviedad. Una obviedad que descoloca al crítico clásico. Una obviedad que torna frugal el cuestionamiento revelador relativamente efectivo en otros contextos. Hoy las cartas del macrismo están allí, sobre la mesa, a simple vista, y por eso la denuncia permanente se ha tornado tan ineficaz.
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Por Emmanuel Rossi
Periodista de La Noticia 1
En el clásico cuento policial de Edgar Allan Poe, La Carta Robada, un documento es “escondido” a la vista de todos, lo que hace difícil hallarlo. En este sentido, lo evidente neutraliza la revelación. Si bien la alianza de Gobierno posee estrategias de comunicación excelentes (quien escribe piensa de manera radicalmente opuesta a los que sostienen que “el macrismo comunica mal”), y los medios masivos son parte inherente a su armado, los fuertes aumentos de tarifas, las reformas, la quita de derechos (como las pensiones por invalidez), los negociados familiares (como el que otorgó el Presidente por decreto para el blanqueo) y demás políticas que van en detrimento de las mayorías, están a la vista de quien quiere ver.
Todo el país sabía que luego de las elecciones de octubre se incrementaban un 10% los combustibles, desaparecían las transmisiones de fútbol gratuitas y se venían nuevos ajustes. Eso no le impidió en absoluto al macrismo quedarse con los comicios de medio término, incluso teniendo el antecedente de no haber cumplimentado ninguna de las promesas realizadas en la campaña de 2015.
En vano fueron los gritos desesperados de los denunciadores clásicos. La postura cuasi iluminista de la vanguardia que le explica al pueblo ignorante que el Gobierno lo está perjudicando no ha funcionado, evidentemente.
El problema estriba en que esta postura opositora ha acaparado de manera transversal a casi todas las esferas no alineadas con el gobierno, y se ha solidificado a pesar de su inoperancia. Es decir, no se avizora en el corto plazo una oposición efectiva que venga a postular lógicas políticas que incomoden la construcción de la hegemonía macrista.
No existe nada más funcional a la alianza gobernante que una oposición enamorada de un instrumento ineficaz. Y este instrumento ineficaz no sólo contiene la diatriba de su infructuosa meta, sino que, además, es funcional a los destinos de Cambiemos.
Entonces, si las acciones del macrismo están ahí, a la vista, son tan palmarias como impunes, y los cuestionamientos no repercuten en su imagen sino que la robustecen, es necesario trocar cuanto antes esa estrategia, y dejar de buscar la carta robada con la lógica esperada por quien la ocultó.
Como escribiera Poe, es un caso “sencillo” y a la vez “raro”. El ejemplo del actual endeudamiento permanente y de manera grosera es representativo. No debe existir persona en este país que no sepa que el volumen de deuda tomada por Mauricio Macri en menos de 2 años de gestión constituye un abominable récord. Y una gruesa experiencia reciente da cuenta de manera totalizante cómo termina esa cuestión. Todos lo sabemos. Ahora bien, denunciar esto pensando que el Gobierno puede perder así sea un solo voto es una errónea ilusión cuantitativista, que mira la política desde un fragmento casi inexistente, el de la razón, olvidando el cuerpo mítico, ficticio, que la envuelve.
Algunos podrán decir que el endeudamiento “no se percibe” hasta que toca pagarlo, pero entonces, ¿cómo explicar lo que acaece con el desmesurado aumento de tarifas? Allí está presente una materialidad, una materialidad siempre ponderada en nuestro país, la del bolsillo. Sin embargo, el mito también puede hacer que muchos ciudadanos apoyen recibir servicios mucho más caros que antes. Lo saben, lo sienten, los perjudica; avisarles es vano. Ejemplos de este tipo, abundan...
El Gobierno no sólo desarrolló una lógica de impunidad en derredor sino también una fuerte maquinaria discursiva tendiente a la refutación de las críticas clichés que previamente conocía que se les ejecutarían. Logró, así, crear una suerte de aikido político. Esto sumado a múltiples variables, como el antagonismo excluyente con el estereotipo creado del kirchnerismo, le generó una coraza que lo ha llevado en dos años a crecer en votos y en poder a pesar de no haber avanzado prácticamente en ninguna medida que beneficie a las grandes mayorías.
Como bien explica Dupin (el detective del cuento de Poe), es la sencillez del asunto lo que induce al error. Con nuestro pasado y nuestra historia, y con el ensueño de haber cruzado un umbral irreversible, de no retroceso, era de esperar que los cuestionamientos al Gobierno sean tales y como son. Y el Gobierno lo sabía de antemano. Por tal motivo, constituyó su estrategia, y vendió lo negativo como positivo, los ajustes como modernización, los "errores" como una capacidad de reconocer equívocos, y logró -y esto es sorprendente- elevar las lógicas de honestidad en gestión y esfuerzo personal para la autosuperación de la mano de un apellido que viene ligado intrínsecamente a todo lo contrario.
Esto lo hizo, a la vista de todos (basta escucharlo incluso a Jaime Durán Barba y hasta al propio Esteban Bullrich revelando en público estrategias no demasiado éticas y democráticas). Y (casi) no tuvo necesidad de ocultar (como en otras épocas) determinadas operaciones…
Por eso, continuar buscando la carta como hasta el momento induce al fracaso. Y esperar que la carta aparezca sola, también. Si no se constituyen nuevas lógicas estratégicas, nuevos modelos de abordaje político y discursivo que plasmen el basamento para una alternativa real, entonces el "ocultamiento" permanecerá incólume durante muchos años, merced del obtuso buscador.