24/07/2019 22:35 Hs.
CRÓNICA
Mendoza Balloons: La experiencia única de volar en globo aerostático

“Somos el viento”, escribió Jorge Luis Borges alguna vez. Ese verso poético se materializó cuando el globo comenzó su ascenso. Es que el piloto nos había indicado 5 minutos antes que el viaje iba a ser muy placentero, ya que había una leve brisa y como en el aire somos viento íbamos a ir al son del mismo. Y así fue. Nos convertimos en viento y volamos de manera única.

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Arribamos a la localidad de Junín, provincia de Mendoza, a media tarde. En las afueras estaba el extenso campo de Mendoza Balloons utilizado como plataforma de despegue. Nos recibió Javier, el piloto. Nos mostró las instalaciones y nos comentó cuestiones sobre el vuelo. Poco después llegaron el resto de los futuros aeronautas.

La actividad comenzó con el inflado del globo, y ya esa experiencia fue mágica debido a que se trata de un elemento enorme, no escrutable fielmente vía fotos. Hay que verlo personalmente. Son 250 kilos de una tela especial para la situación y un fuego eterno que la sostiene desplegada.

El día era perfecto. Sol radiante, leve brisa, temperatura intermedia. Javier dio las explicaciones de rigor y ausentó cualquier fantasma con respecto al vuelo: “El globo no sufre turbulencias, no hace más frío en lo alto, no genera sensación de vértigo, etc. Somos viento”, dijo.

Subimos todos cuando el globo empezaba a pedir cielo. Y casi sin darnos cuenta comenzamos a volar, como en cámara lenta, como en un sueño…Una música ambiental dentro de la canasta completaba la atmósfera onírica. Era mágico, como preveíamos.

Debajo nuestro se empezó a desplegar toda la bella geografía mendocina con sus campos, sus viñedos, sus montañas. Trabajadores dejaban sus faenas para saludarnos al vernos pasar sobre sus cabezas, y tomarnos fotografías. Lo mismo hacían familias enteras al salir de sus casas y también los autos se paraban a la vera de la ruta para ver el majestuoso espectáculo.

Primero hicimos un vuelo rasante sobre las vides mendocinas: “Vuelo alfombra”, dijo Javier, ya que generaba la sensación de estar flotando en una alfombra mágica; y luego nos elevamos centenares de metros para dirigirnos “adonde el viento nos lleve”. 

La actividad no tiene punto de llegada. El aterrizaje se genera en cualquier lugar donde el viento decida. Definitivamente, Javier tenía razón: El vuelo era total armonía. Ninguno de los pasajeros había pensado que podía existir un sistema tan apacible para elevarnos hacia las nubes.

Las sonrisas de alegría y asombro inundaban el interior del globo, y el tiempo de vuelo se pasó, literalmente y valga la redundancia, volando, y el atardecer nos acompañaba desde lo lejos acompasando el bello paisaje. De este modo, comenzamos el descenso, muy a nuestro pesar. Habíamos estado en el aire 45 minutos, pero parecieron 5.

Bajamos en un campo y tres camionetas que todo el tiempo habían seguido nuestro trayecto en el aire aparecieron para colaborar en el desarmado del globo.

Volvimos al campo de despegue en los vehículos terrestres. Y allí apareció el champagne. “Es una tradición brindar con champagne una vez vueltos a la tierra de un viaje en globo”, dijo Javier. “Esto se debe a que el primer vuelo en globo, llevado a cabo en Francia en 1783, tuvo como protagonista a esa bebida típica de esas tierras. Los aeronautas lograron elevar un globo por primera vez pero fueron perseguidos por la gente pensando que se trataba del demonio, que volaba y lanzaba lenguas de fuego en su interior. Una vez en tierra, le gente los rodeó y para salvar la situación y demostrar que eran personas de carne y hueso (y franceses) como ellos, sacaron de la canasta una botella de champagne que llevaban consigo, y esa acción les conservó la vida”, narró nuestro piloto.

Brindamos y cada uno recibió su certificado de vuelo: “Usted se ha convertido en aeronauta oficial”, decía el mismo. Conversamos sobre la experiencia entre risas y anécdotas del reciente viaje. Y luego, tuvimos que volver a nuestras localidades. Nos sacamos las fotos pertinentes. Abrazamos a Javier y a sus colaboradores y todos (algo que debe ser habitual) prometimos volver. Coincidimos: No existe experiencia similar. La mejor decisión que tuvimos fue concertar con Mendoza Balloons en nuestros planes vacacionales.

Definitivamente, a toda la oferta turística de esa provincia, se le ha sumado un destino inexorable: Realizar un vuelo en globo aerostático. Porque como dice su lema parafraseando al General San Martín: “Volemos libres, que lo demás no importa nada”.

 

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