Policía Bonaerense: De la coima a la extorsión
La fuerza de seguridad provincial no está exenta a las lógicas de corrupción que atraviesan a todas las policías del país. El hecho de recibir coimas en los controles de tránsito es algo que ningún bonaerense dice desconocer. Pero cuando aparecen amenazas de por medio a los automovilistas, cuyo fin último no es imponer la ley sino obtener rédito económico, ¿hablamos de coima o de extorsión?
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Existe una lógica de cierta complicidad implícita entre quien ofrece una dádiva y quien la recibe con el objetivo de no ajustarse a derecho.
La coima supone el pago de un soborno a un efectivo policial para que éste no aplique una multa de monto superior o no tome otras decisiones más drásticas. En este sentido, hay una culpabilidad compartida.
Sin embargo, en los últimos tiempos, en territorio bonaerense (aunque este problema no sea exclusivo de ninguna provincia) ocurre una situación que trasciende la lógica de la coima y que la palabra exacta para definirlo es extorsión.
Están a la orden del día los casos de policías que realizan controles de tránsito con la finalidad de quitarles dinero a los automovilistas, estén o no en infracción. El conductor, que muchas veces no conoce a ciencia cierta derechos y obligaciones, es víctima de amenazas infundadas que tienen como objetivo que pague dinero para seguir circulando.
Cuestiones menores, como no contar con matafuegos en un lugar adecuado en el auto, sirven para que se esgriman amenazas como la quita del carné de conducir e, incluso, como el secuestro del vehículo. Por más que el conductor entienda que eso es ilegal o solicite que se le labre el acta correspondiente, en muchas circunstancias, en medio de la ruta y bajo el apremio de los uniformados, no tiene más remedio que resignarse a pagar lo que le exigen para poder seguir viaje.
Esta dinámica, incluida erróneamente bajo el rótulo de "coima" en el sentido general, carece de control alguno y, por supuesto, que las denuncias escasas veces se realizan, pero, sin embargo, se da con muchísima frecuencia lesionando el derecho a la libre circulación y poniendo a las fuerzas de seguridad en las antípodas del lugar que supuestamente deben ocupar: El de luchar contra el delito en vez de ser parte del grave problema de inseguridad que padecen los bonaerenses.