Preocupación en Ministerio de Seguridad y la Bonaerense tras detención de Jefe policial
Un oficial principal de Viilla Gesell, segundo a cargo de la Comisaría primera, fue detenido luego de una persecución y tiroteo en esa ciudad balnearia. Sucedió luego de que saliera a la luz un audio en el que el Jefe de la Policía Comunal de Pinamar cuenta cómo se quedaba con dinero a través de coacciones. El Gobierno de Vidal, en alerta.
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El Oficial Principal Diego Alagastino, de 36 años, segundo a cargo e la Comisaría Primera de Villa Gesell, fue detenido cuando circulaba en contramano en un auto particular y tras efectuar tres disparos de arma de fuego contra sus propios compañeros,que lo perseguían por las calles de esa ciudad balnearia.
El policía, que se negó a que le saquen sangre pero tenía un ostensible aliento etílico al momento de ser detenido, permanece alojado en una celda y fue desafectado de la fuerza. La Fiscala Verónica Zamboni inició una causa por abuso de armas, resistencia a la autoridad y portación ilegal de arma de guerra.
El caso, que cobró repercusión nacional, puso la lupa sobre la situación de la Policía Bonaerense, sobre todo luego de que se filtrara un audio del Jefe de la Policía Comunal de Pinamar en el que cuenta que está "cansado de robarle a la gente" y da detalles de sus actividades ilegales.
En el Ministerio de Seguridad que conduce Cristian Ritondo hay preocupación respecto de las "malas costumbres" de la policía y de las dificultades que enfrenta el gobierno de María Eugenia Vidal para afrontar una problemática que puede complicar el devenir de la gestión.
Es un secreto a voces que históricamente hubo negociaciones del poder político con las cúpulas policiales para el mantenimiento de actividades que serían ilegales y que permitirían una recaudación que alimentaría no sólo los bolsillos personales de los comisarios sino también las arcas de la política.
Hay quienes aseguran que si bien muchos de los responsables están retirados y gozarían de los beneficios de muchos años de prebendas y corrupción, las redes construidas entre el poder policial, político y judicial seguirían intactas.
Los hechos ocurridos en despachos oficiales de funcionarios de la Gobernación, incluido el de la propia Vidal, parecieron ser una advertencia: eludiendo los estrictos controles de seguridad policial de esos recintos, alguien ingresó, revolvió todo y se fue sin llevarse nada.