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    1.500 trabajos en un pueblo de 15 mil habitantes: el drama de Capitán Sarmiento tras los despidos en Granja Tres Arroyos

    La empresa avícola era uno de los principales motores de la economía local y su actividad generaba cientos de puestos de trabajo directos e indirectos en la ciudad. Tras los despidos y la paralización de la planta, el impacto ya se siente en comercios, hogares y trabajadores que salieron a buscar changas para sobrevivir. Vecinos y comerciantes contaron a LANOTICIA1.COM cómo cayeron las ventas y comenzaron a organizarse ollas populares y viandas para las familias afectadas.

    13 de septiembre de 2026 | 10:42
    1.500 trabajos en un pueblo de 15 mil habitantes: el drama de Capitán Sarmiento tras los despidos en Granja Tres Arroyos

    En Capitán Sarmiento, prácticamente todos conocen a alguien que trabaja o trabajó en Granja Tres Arroyos. Es una ciudad donde todavía sobreviven algunas postales propias de los pueblos del interior: las bicicletas apoyadas en la vereda, las casas que pueden quedar con la puerta abierta y una tranquilidad que forma parte de la vida cotidiana. En ese escenario, la relación de la empresa con la ciudad no pasa solamente por quienes cumplen tareas dentro de la planta: también alcanza a sus familias, a los comercios donde gastan sus salarios, a los transportistas y a una larga lista de actividades que durante años se movieron alrededor de la producción avícola.

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    En una ciudad de unos 15 mil habitantes, ese movimiento resulta difícil de reemplazar. Según los testimonios relevados por LANOTICIA1.COM, el impacto de la actividad de Granja alcanza a alrededor de 1.500 puestos de trabajo directos e indirectos, una estimación que incluye empleados de la planta y actividades vinculadas como transporte, fletes, carga y tercerizaciones.

    Ahora, después de los despidos y la paralización de la planta, el dinero dejó de circular de la misma manera y el impacto comenzó a aparecer en distintos puntos de la vida cotidiana.

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      El comercio también empezó a sentirlo

      Javier trabaja en Servicios de Lavado Keutex, un local ubicado cerca de la planta, y conoce la situación desde adentro a través de su propia familia. Su cuñado trabaja en Granja Tres Arroyos desde hace más de 20 años, tiene tres hijos y, al momento de hablar con este medio, llevaba más de tres meses sin cobrar.

      Pero, según explica, el problema excede ampliamente a los empleados de la planta. “Vos calculá que vivían más o menos entre fletero, tercerizado y todo, casi 2 mil familias”, cuenta Javier, al describir el alcance que tiene la empresa en una ciudad donde una parte importante de la actividad económica gira alrededor de esos salarios.

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      El impacto se extiende más allá de la planta y alcanza a quienes dependen del movimiento que genera la empresa. Javier advierte que, detrás de cada trabajador de Granja, hay una red de actividades y familias que también quedan afectadas cuando esos ingresos dejan de circular. “No era solo la gente que laburaba ahí, sino los camioneros, los dueños de los transportes, los cargadores de pollo”, explica.

      El golpe además ya se siente en los comercios. “Mi hermana tiene tienda y no tiene venta. Mi suegro tiene una despensa y tampoco hay mucha venta. La gente va y consume lo justo y lo necesario”, relata Javier.

      granja Tres Arroyos

      La crisis también empezó a afectar directamente a los chicos de esas familias. Javier cuenta que, ante la falta de ingresos, algunos tuvieron que dejar de pagar actividades que realizaban fuera de la escuela. “Muchos tuvieron que sacar el inglés y otras actividades deportivas que hacían. Hay muchos padres que ya no los mandan porque no pueden seguir pagándolo”, relata.

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      La incertidumbre también alcanza a los trabajadores que todavía no recibieron el telegrama de despido. Según contó Javier, su cuñado y otros empleados deben seguir concurriendo todos los días a la planta y dejar constancia de que asistieron, pese a que la actividad está paralizada. “Se tienen que presentar todos los días y sacar fotos para dejar constancia de que fueron a trabajar, porque no quieren que después los acusen de abandono de trabajo”, explica.

      La planta, mientras tanto, está paralizada. “Está todo frenado porque no les pagan hace tres meses”, señala. También cuenta que entre los trabajadores circula la preocupación por el movimiento del equipamiento: “Lo que están diciendo es que están sacando mercadería, están sacando maquinaria”.

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        Su cuñado, además, intenta sostener a su familia mientras espera una definición. Su esposa tiene un local de ropa, pero las ventas también cayeron y comenzó a buscar otras alternativas. “Está yendo a buscar para vender huevos, que con eso va comiendo, hace changas afuera. Hace lo que puede para sobrevivir”, relata Javier.

        En el pueblo, dice, la búsqueda de ingresos alternativos se multiplicó. Pone como ejemplo a quienes trabajan cortando el pasto: “Parqueros había alrededor de 50 y ahora hay cerca de 200”. Y no son los únicos. “Hay un montón que salió a hacer electricidad, otros a hacer plomería, herrería, de todo. Salieron todos a hacer de todo”, resume.

        La comparación que utiliza para explicar la situación es contundente: “Es como por ahí pasa en Capital Federal con los Uber, que hay mucho Uber, pero hay poco pasajero”.

        Para Javier, el problema ya no puede medirse solamente en puestos de trabajo perdidos. “Está cambiando la vida de las personas”, resume.

        PARRILLA LOS PINOS

        La preocupación que atraviesa a todo el pueblo

        A pocos metros de la planta, sobre la Ruta 8, funciona Parrilla Los Pinos. Alejandro atiende allí y también ve de cerca cómo cambió el movimiento de la zona.

        “Sí, por supuesto que hay preocupación. La estoy viviendo mal”, cuenta Alejandro. El comerciante explica que la situación se vuelve todavía más difícil en aquellas familias donde más de una persona depende del trabajo en la planta. “En algunas familias laburan el marido, la señora y hasta el hijo. Y bueno, queda complicada la situación”, señala.

        La dimensión del problema hace que sea difícil encontrar una familia completamente ajena a lo que ocurre. “Todos tienen un familiar, un vecino o un amigo que labura ahí”, señala Alejandro.

        Por eso entiende que la paralización de la actividad tendrá una repercusión fuerte sobre la economía local. “El pueblo depende de ahí”, afirma. Y explica que el efecto se nota en el movimiento comercial: quienes trabajaban en Granja cobraban sus salarios y los gastaban en la propia ciudad.

        “Porque la gente que laburaba ahí la gasta: se compra un auto, una bici, va al supermercado, bueno, hay un movimiento”, cuenta. Ahora, asegura, esa circulación “se cortó bastante” y empezó a caer.

        El impacto también se siente en el movimiento comercial de la zona. “Sí, por supuesto, por el pueblo, por nosotros, por todo”, responde Alejandro al ser consultado por la preocupación entre los comerciantes.

        Pero aclara que el principal temor está puesto en quienes perdieron sus ingresos. “Más preocupados estamos por los empleados, que son los que peor la están pasando porque no están cobrando”, sostiene.

        Alejandro también ve de cerca las protestas y el movimiento de los trabajadores en la zona. “Todos los días hay gente acampando en el lugar”, remarca visiblemente angustiado.

        La esperanza que mantiene, como en el caso de las familias que dependen directamente de la empresa, es que la situación pueda destrabarse. “Ojalá esto se solucione rápido”, dice.

        Es de Capitán Sarmiento y convirtió su salón de fiestas en una olla popular tras los despidos en Granja Tres Arroyos - 8

        Una olla para que a la noche no falte comida

        En medio de esa situación también aparecieron historias de vecinos que decidieron organizarse para ayudar. Una de ellas es la de Claudia Aranda, de 46 años, dueña de Borboleta, un salón de fiestas. No tiene familiares trabajando en Granja, pero sí amigos, clientes y conocidos vinculados a la empresa y al movimiento que genera en la ciudad.

        “Medio pueblo se mueve a través de Granja Tres Arroyos”, explica Claudia a LANOTICIA1.COM. Por eso, cuando empezó a ver lo que estaba pasando, pensó qué podía hacer desde el lugar que tenía. “Tengo el espacio para hacer algo por todos”, cuenta.

        Así comenzó a utilizar el salón para organizar ollas populares y viandas, aprovechando alimentos que tenía disponibles y las donaciones que fueron llegando. En cada jornada prepara más de 300 viandas por día, con ayuda de vecinos y comerciantes que acercan alimentos y otros elementos necesarios.

        Claudia explica que su preocupación está puesta especialmente en los chicos. Muchos comen durante el día en la escuela o en espacios comunitarios, pero después vuelven a sus hogares. “A la noche que no falte el plato de comida”, dice.

        También preparan pan casero y, cuando reciben más donaciones de las necesarias para cocinar, reparten fruta, cereales, leche o ropa. La ayuda llega de distintos lugares: clubes, gimnasios, comerciantes, vecinos y personas que colaboran de manera anónima.

        “Es un granito de arena cada uno, porque no soy la única que lo está haciendo”, aclara Claudia.

        Ella misma termina agotada después de cada jornada. Empieza a preparar todo alrededor de las cinco de la tarde, organiza las donaciones, pela papas, prepara verduras y cocina para cientos de personas. Para una de las jornadas consiguió prestada una plancha y un disco; en el salón trabaja con un anafe y tiene que mover la garrafa para poder cocinar.

        Después viene la limpieza y, algunas veces, termina cerca de la una de la madrugada. Al día siguiente vuelve a trabajar.

        “Vamos a hacer lo que podamos mientras podamos”, dice.

        Es de Capitán Sarmiento y convirtió su salón de fiestas en una olla popular tras los despidos en Granja Tres Arroyos - 6

        La crisis también llegó a situaciones que, hasta hace poco, parecían completamente ajenas a una emergencia económica. Claudia cuenta que algunas familias habían reservado el salón para celebrar los cumpleaños de sus hijos, pero tuvieron que suspenderlos después de perder sus ingresos.

        Por eso decidió ofrecerles el espacio de manera gratuita. La idea es que los chicos puedan tener igualmente su festejo, aunque sea con lo que haya disponible. “De una manera u otra, aunque sea con un jugo y una torta, lo podemos ayudar a hacer”, explica.

        Claudia sabe que no puede resolver por sí sola la situación de esas familias, pero encontró una manera de estar presente con lo que tiene. Atiende el salón, tiene además otro trabajo y, entre una cosa y otra, aprovecha los pocos momentos libres que le quedan para cocinar, organizar las donaciones y preparar las viandas. “Es lo único que puedo darle hoy”, dice.

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          La ayuda, de todos modos, no se concentra en un solo lugar. En distintos puntos de Capitán Sarmiento comenzaron a multiplicarse las colectas y las actividades solidarias, con iniciativas que buscan acompañar tanto a los trabajadores como a sus familias.

          En el Centro Educativo, un espacio al que los chicos concurren fuera del horario escolar para recibir apoyo académico y también contención social, se organizó una chocolatada para que pudieran encontrarse, distraerse y olvidarse por un rato de la situación que atraviesan sus familias.

          Los clubes de la ciudad también organizaron una jornada deportiva el sábado para reunir alimentos. La actividad fue impulsada por el Club Social y Deportivo San Carlos, el Club Deportivo SDL, el Club Los 14 y el Club Atlético Independiente, que convocaron a una jornada solidaria sin cobrar entrada y pidieron a quienes pudieran hacerlo que llevaran un alimento no perecedero para las familias afectadas.

          SAN CARLOS

          La asistencia también se sostiene desde el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA). La delegación del gremio en Capitán Sarmiento ya venía entregando mercadería desde hacía más de dos meses a los trabajadores que no cobraban sus salarios en tiempo y forma y, desde este lunes, comenzó además a realizar ollas populares durante la noche en el salón que tiene el sindicato.

          Esta semana, según señalaron a LANOTICIA1.COM fuentes de STIA, también se están entregando bolsones de comida, una ayuda que, en principio, se realizará de manera quincenal.

          Las colectas aparecen incluso en espacios que no están directamente vinculados con el conflicto. En distintos gimnasios de la ciudad, por ejemplo, hay cajas para que quienes quieran colaborar puedan dejar alimentos. Así, la respuesta se fue extendiendo por distintos lugares de Capitán Sarmiento a medida que la falta de ingresos de los trabajadores comenzó a impactar también en sus familias y en el resto de la economía local.

          Claudia destaca además el acompañamiento del municipio y entiende que la magnitud de la situación requiere de la participación de distintos sectores. “El municipio está ayudando un montón dentro de lo que puede. Esto es entre todos”, contó a LANOTICIA1.COM.

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            Ese “entre todos” termina reflejando una situación que ya excede largamente a la planta. El problema empezó con los despidos y la paralización de Granja Tres Arroyos, pero el impacto se trasladó rápidamente al resto de Capitán Sarmiento: al comercio que vende menos, a la familia que recorta gastos, al trabajador que salió a buscar una changa y a quienes necesitan una vianda para poder llevar comida a sus casas.

            En una ciudad de unos 15 mil habitantes, donde prácticamente todos conocen a alguien vinculado con la empresa, lo que ocurre dentro de Granja también se siente afuera. La empresa que durante años fue uno de los principales motores económicos de Capitán Sarmiento hoy dejó a cientos de trabajadores en una situación de incertidumbre y puso en evidencia hasta qué punto una sola actividad puede mover la economía de una ciudad entera.

            Mientras esperan una salida, el pueblo intenta sostenerse como puede: algunos buscando nuevas formas de generar ingresos, otros tratando de mantener abiertos sus comercios y muchos acompañando a las familias que quedaron más expuestas. La incertidumbre sigue, pero también una respuesta que se repite en distintos puntos de la ciudad: ayudar con lo que cada uno tiene para que el golpe de Granja Tres Arroyos no termine dejando a las familias completamente solas.

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            • Capitán Sarmiento
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