Centinela del Mar, el pueblo costero de cuatro habitantes que conserva playas vírgenes y secretos científicos
Son 56 manzanas conformadas, principalmente, por casas de verano. Un hotel abandonado es testigo de otra época y la localidad de General Alvarado fue declarada Reserva Natural por su relevancia geológica y paleontológica.
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Lejos del ruido de los grandes centros turísticos y del movimiento constante de la costa atlántica, Centinela del Mar aparece como un destino casi detenido en el tiempo. Esta pequeña localidad del partido de General Alvarado, cuenta con apenas cuatro habitantes estables, pero atesora un patrimonio natural, arqueológico y paleontológico que la convierte en uno de los rincones más singulares de la zona.
Declarada Reserva Natural por su relevancia geológica y paleontológica, Centinela del Mar protege 23 kilómetros de costa conformados por un área natural prácticamente intacta con tres playas desiertas, que incluso en plena temporada de verano reciben a muy pocos visitantes, atraídos por el silencio, el paisaje abierto y el contacto directo con la naturaleza. Las corrientes marinas, más cálidas entre febrero y mayo, invitan a disfrutar del mar en un entorno solitario y agreste.
Llegar hasta el lugar ya es parte de la experiencia
Ubicada a 38 kilómetros de Mar del Sud y a 70 de Miramar, la localidad se alcanza por un camino rural desde la Ruta 88. Tras cruzar el Arroyo del Pescado, hay que doblar a la izquierda al ver un silo de cemento y a la derecha luego de una cruz. El acceso final comprende 17 kilómetros de camino de tierra, que puede volverse intransitable en días de lluvia, por lo que el clima es clave a la hora de planificar la visita.
A pesar de su escasa población permanente, Centinela del Mar tiene un trazado de 56 manzanas frente al mar y actualmente cuenta con entre 40 y 50 casas de verano, un número que crece de manera paulatina. Sin embargo, el desarrollo turístico se proyecta bajo una lógica de bajo impacto, priorizando la preservación del entorno natural y cultural.
Sitio de interés arqueológico y paleontológico

El lugar es, además, tiene un gran valor científico. Desde 1912 se realizaron más de 100 trabajos científicos, lo que consolidó su prestigio como sitio de interés arqueológico y paleontológico. Ese recorrido derivó en el Proyecto Reserva Natural Centinela del Mar, una iniciativa impulsada por la Fundación Azara para conservar los ambientes naturales y el patrimonio cultural de la costa bonaerense. Como parte de esta propuesta, los visitantes pueden acceder a charlas orientativas brindadas por especialistas, que explican la biodiversidad del área y la importancia de los restos fósiles hallados en la zona.
Hotel abandonado

Dentro del paisaje local sobresale también la historia del hotel abandonado “El Castillo”, construido por un inmigrante español en la década del ’50. Levantarlo fue una verdadera hazaña para la época, cuando los caminos de tierra hacían casi imposible el acceso los días de lluvia. El hotel funcionó durante años como un refugio en medio de la nada, frecuentado por turistas y arqueólogos, hasta que pasó por distintas manos y finalmente fue cerrado y tapiado hacia fines de los años ’80, quedando como un testimonio silencioso del pasado.
La Lagartija de las Dunas
Se destacan sus playas vírgenes y la conservación de ecosistemas litorales de alta relevancia biológica. Allí habitan comunidades faunísticas y florísticas autóctonas de la costa pampeana austral, incluyendo especies endémicas como la Lagartija de las Dunas (Liolaemus multimaculatus), declarada Monumento Natural de la Provincia de Buenos Aires. En ese sentido, existe un proyecto de ley que busca reforzar la protección de los restos fósiles, fundamentales para comprender la evolución de las especies de la región.
En materia de servicios, la localidad cuenta con el parador “La Lagartija”, ubicado en la antigua usina donde se ofrecen bebidas, gastronomía básica y un pequeño alojamiento para quienes desean pasar la noche. El espacio también funciona como centro de interpretación, con exhibiciones de objetos y fotografías de pueblos originarios de la zona, entre ellos la comunidad tehuelche.
Completan el paisaje edilicio la vieja Escuela Primaria Nº16 “Alfonsina Storni” y un jardín de infantes, hoy cerrados por falta de alumnos y en proceso de reconversión para funcionar como estación científica, una capilla, antiguas casas de veraneo y un pintoresco vagón de tren restaurado.
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