General Belgrano: Procesan a dos productores de papa por trabajo esclavo rural
Jorge Fairbairn y Marcelo Errecaborde fueron procesados por la Justicia Federal en el marco de la causa por reducción a la servidumbre y trata de personas que enfrentan desde enero del año pasado, cuando un operativo de Afip encontró a 23 trabajadores hacinados en un campo de recolección de papas, donde vivían en un colectivo. Lo jueces trabaron un embargo de un millón de pesos sobre los procesados.
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A casi dos años de que la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) denunciara a la firma Proyecto Sol S. A. por trabajo rural esclavo, el Juzgdo Federal de Dolores que instruye la causa por trata de personas procesó a los productores de papas Jorge Fairbairn y Marcelo Errecaborde.
Ambos están acusados de explotar laboralmente a al menos 23 hombres, que fueron rescatados del establecimiento rura San José, ubicado en el denominado Camino Viejo a Pila, a 20 kilómetros de la ciudad de General Belgrano.
Allí estaban hacinados en condiciones de servidumbre, con largas horas de trabajo y con un colectivo como vivienda asignada para pasar la noche. La Justicia trabó un embargo sobre los bienes de ambos procesados por un millón de pesos.
La causa comenzó en enero de 2014 tras una denuncia de la Afip. En sendos allanamientos, la Justicia encontró a los trabajadores en situación de trata, empleados de la firma Proyecto Sol S. A. cuyo principal cliente es la marca de congelados Mc Cain.
El Juez Federal de Dolores Alejo Ramos Padilla ya había dictado en marzo del año pasado un embargo de un millón doscientos mil pesos a la firma para garantizar las remuneraciones y posibles indemnizaciones para las víctimas.
Los 23 trabajadores esclavizados cumplían tareas de lunes a lunes, desde las 4.30 de la mañana y hasta las 21.00, para recolectar las papas del suelo y lenar unas 2.400 bolsas por día. La paga, sin embargo, no llegaría sino hasta el final de la cosecha.
Lo trabajadores dormían en un colectivo, donde no alcanzaban los lugares para todos, por lo que debían turnarse para descansar. En el lugar carecían de luz, baños, duchas, botiquines y matafuegos. Los bolsones de papas oficiaban de asiento a la hora de comer porque tampoco tenían sillas.
“El patrón me dijo que el trabajo iba a durar de 25 a 30 días, no nos dijo nada sobre dónde íbamos a dormir. Él únicamente me habló del dinero que nos iba a pagar al finalizar la cosecha. Tampoco dijo nada sobre cuántas horas por día había que trabajar. Sobre la comida tampoco dijo nada”, dijo uno de los trabajadores en su testimonio ante la Justicia.
Como en cada caso descubierto en los últimos años, los trabajadores hacinados relataron que cada cosa que consumían para su alimento diario era anotado para ser descontado al momento de la paga, al igual que la ropa necesaria para las tareas. Los días de lluvia o de poca producción no eran contabilizados para el cobro.