Regulación del uso de celulares en escuelas primarias bonaerenses: “¿sabemos qué páginas miran nuestros hijos?”
Una de las impulsoras del proyecto, la ex senadora Lorena Mandagarán (Juntos), explicó en la entrevista con LANOTICIA1.COM: “se plantea un uso responsable dentro del espacio escolar y que solo pueda utilizarse con fines pedagógicos”. Cómo se implementa y a dónde deben guardar los dispositivos electrónicos los estudiantes. Avanza la legislación para las secundarias.
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Por Ramiro Pablo Gómez
La exsenadora bonaerense Lorena Mandagarán es una de las impulsoras de la ley que regula el uso de celulares en las escuelas primarias de la provincia de Buenos Aires. La normativa, que comenzó a aplicarse este año, busca limitar el uso de pantallas durante la jornada escolar y promover un uso responsable de los dispositivos. En esta entrevista explica cómo surgió la iniciativa, qué problemas detectaron en las aulas y cómo se está implementando la medida en las instituciones educativas.
—La ley 15.534 sobre la regulación del uso de celulares en las escuelas primarias bonaerenses ya está en vigencia. Es una iniciativa que impulsaste el año pasado. ¿Cómo surgió la idea de trabajar este tema? ¿Cuál fue la motivación?
Nosotros veníamos investigando el tema porque estábamos preocupados por lo que estaba pasando con los chicos y las pantallas. Yo, de hecho, soy mamá de un adolescente y una preadolescente, así que lo vivo en carne propia. Pero además parte del equipo estaba analizando con atención esta problemática.
Una de las chicas del equipo, por otra circunstancia, había tenido contacto con el médico Mauricio Pedazoli, que es neurólogo infantil, y él también manifestó su preocupación porque veía el problema en el consultorio. De hecho, estaba por publicar su libro Adictos en pañales. Entonces nos pusimos en contacto con él y empezamos a trabajar en la propuesta del proyecto.
Nosotros presentamos la iniciativa y, al poco tiempo, también se presentó otra a través del senador Emanuel González Santalla. Cuando tomamos conocimiento decidimos trabajar ambas propuestas en conjunto y hacer una sola, lo que también reflejaba la preocupación de dos espacios políticos distintos y ayudaba a generar consenso para el tratamiento.
—¿Qué problemas concretos detectaron en la relación entre el celular y los estudiantes?
En principio empezamos a dialogar con docentes. Muchos nos hablaban de la falta de atención y de la desconcentración en el aula. Tenían que estar constantemente diciéndoles a los chicos que dejaran el celular y prestaran atención.
También conversamos con profesores de educación física fuera del ámbito escolar, en actividades deportivas privadas, y nos manifestaban lo mismo, que los padres llevaban a los chicos para que hicieran deporte y, ante el menor descuido, estaban con el celular.
Además, cuando empezamos a hablar del tema con otros colegas y compañeros del Senado, todos tenían alguna anécdota o experiencia vinculada al uso excesivo de los dispositivos y a la falta de límites, tanto desde las familias como desde las escuelas.
Los docentes también planteaban que no tenían una herramienta legal que les permitiera exigir que se dejara de usar el celular en el ámbito educativo, incluso en los recreos. Por eso la ley también funciona como un marco normativo para las instituciones que ya veían el problema. Algunas escuelas habían empezado a implementar cajas para dejar los celulares, pero todo era voluntario, sin respaldo legal.
—Ahora que la ley está en vigencia, las escuelas primarias pueden prohibir el uso de celulares. ¿Cómo se está implementando en la práctica?
La reglamentación está a cargo de la Dirección General de Cultura y Educación. Lo que sabemos es que se dejó cierto margen para que cada escuela lo aplique según su comunidad educativa y el vínculo con las familias.
Algunas instituciones enviaron notas por escrito explicando la normativa y otras lo comunicaron directamente a los alumnos en el aula. En cuanto a la implementación, hay dos modalidades principales.
En algunos casos se les pide a los chicos que dejen el celular en la mochila y que no lo saquen durante la jornada. Si necesitan comunicarse con sus padres, lo hacen a través del docente, como sucedía antes.
En otras escuelas colocan un cesto o una caja donde los chicos dejan los celulares al entrar, aunque son menos. Muchas prefieren que el celular quede en la mochila por una cuestión de resguardo personal. En definitiva, depende del vínculo entre docentes, alumnos e institución.
Lo que sí se controla es que no se usen durante las clases ni en los recreos, que era algo que estaba ocurriendo.
—Quizás el control en los recreos sea lo más complejo.
Sí, claro, es más difícil que dentro del aula. Pero también tiene que ver con concientizar. Muchas veces los chicos son más permeables que los adultos; las resistencias suelen venir más de los grandes.
Por eso la ley no solo regula el uso del celular, sino que también plantea la necesidad de una fuerte campaña de difusión y sensibilización dirigida tanto a los chicos como a los adultos.
La ley establece que haya campañas en centros de salud, espacios culturales, deportivos y recreativos. Es una estrategia más amplia. Recién está empezando a implementarse porque, si bien se aprobó en noviembre del 2025, tenía 180 días para su reglamentación.
Sabemos que habrá resistencias y que llevará tiempo, pero estamos convencidos de que lo que está pasando con el uso del celular en las infancias es un problema de salud pública. Hay muchos estudios científicos, tanto nacionales como internacionales, que muestran los daños del uso excesivo de pantallas en los chicos.
—Como decías recién, la ley también habla de campañas de difusión y cartelería. ¿Eso lo deben hacer las escuelas o el Gobierno provincial?
Eso le corresponde al Gobierno provincial. La ley establece que el Ejecutivo debe realizar campañas a través de sus canales oficiales y también difundir el material en distintos espacios, como por ejemplo las salas de espera de centros de salud pediátricos.
Una vez que ese material esté disponible, obviamente podrá ser utilizado por escuelas u otras instituciones públicas o privadas que quieran reforzar el mensaje.
—Algunos críticos dicen que prohibir los celulares puede aislar a la escuela del mundo digital actual. ¿Qué opinás de ese planteo?
Primero hay que aclarar que no se está prohibiendo el uso del celular. La ley es muy clara: se plantea un uso responsable dentro del espacio escolar y que solo pueda utilizarse con fines pedagógicos. Es decir, si el docente o la institución lo requieren para una actividad educativa, se puede usar. Por otro lado, como adultos tenemos que sincerarnos: ¿sabemos qué páginas miran nuestros hijos?, ¿en qué plataformas pasan gran parte del día? La mayoría de las veces no lo sabemos.
Y cuando uno revisa esos dispositivos, la realidad es que lo que encuentran los chicos son plataformas recreativas, juegos online o redes sociales. Nada de eso necesariamente aporta al desarrollo pedagógico o científico.
Incluso hoy vemos problemas nuevos, como la ludopatía online en adolescentes. Y la inteligencia artificial muchas veces se usa solo para resolver consignas en segundos, copiando y pegando, sin analizar contenidos.
Entonces tenemos que asumir una responsabilidad que en muchos casos delegamos en los dispositivos. Hemos depositado parte de la crianza y del entretenimiento de los chicos en la tecnología.
La ley no prohíbe, sino que establece que en el ámbito educativo el uso del celular debe ser responsable y con fines pedagógicos.
—Esta ley sólo abarca a la primaria. ¿Por qué no incluyeron la secundaria?
Cuando elaboramos el proyecto hicimos en paralelo otro enfocado en adolescentes y jóvenes. Decidimos separarlos porque los problemas son distintos según la edad. En la infancia el impacto tiene que ver con el desarrollo neurológico, social y con problemas de salud mental a edades tempranas. En cambio, en los adolescentes los principales problemas que detectamos son la ludopatía online, la violencia digital y el bullying.
Nuestra idea era que ambos proyectos se trataran al mismo tiempo, pero no ocurrió. En el caso del proyecto para adolescentes se tocaban intereses vinculados a la publicidad, a Loterías y Casinos y a la regulación de ciertas páginas, por lo que era una discusión más compleja.
—De todos modos, ahora hay un proyecto para extender la regulación a la secundaria.
Sí. A los pocos días de aprobarse la ley para primaria se presentó un proyecto para ampliarla al nivel secundario en lo referido al uso del celular. Incluso nos consultaron nuestra opinión y, obviamente, nos pareció correcto. Sé que tiene media sanción en Diputados, así que entiendo que pronto será tratado en el Senado.
La idea es avanzar hacia un uso responsable y limitado en las aulas del nivel secundario, algo que ya está vigente en la Ciudad de Buenos Aires y en provincias como Salta y Neuquén.
—Ojalá se pueda aplicar de manera correcta porque parece ser un problema que se le fue de las manos a la sociedad, a las familias, a las escuelas. Está descontrolado.
Coincido en que es un problema grande. Muchas familias dicen que no pueden manejarlo y entiendo que las escuelas también sienten que se les cargan muchas responsabilidades.
Pero es un problema enorme y hay que empezar a abordarlo. Los chicos pasan gran parte de su desarrollo en las instituciones educativas, por lo que también es un ámbito adecuado para comenzar a trabajar el tema, sin dejar de involucrar a las familias, que son fundamentales.
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