Relato en primera persona de un ex combatiente de Azul: “En Malvinas las balas te llovían de todos lados”
El ex combatiente Fabián Mendilaharzu estuvo sesenta días en el conflicto bélico de las Islas. No se cambió de ropa ni se bañó durante toda la guerra. Tuvo que matar ovejas y hasta una vaca para alimentarse. Fue tomado prisionero por los ingleses.
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El testimonio pertenece al ex combatiente, Fabián Mendilaharzu. Forma parte de un capítulo del libro "Azuleños en la Guerra de Malvinas". En el mismo se incluyen las experiencias personales de quienes participaron directamente, en territorio, en el conflicto bélico de 1982.
MALVINAS: ENTREVISTA CON FABIÁN MENDILAHARZU
ENTREVISTA Y TEXTOS: MARCIAL LUNA
Publicado por diarioeltiempo.com.ar.
“Esa Semana Santa de 1982 yo me vine a Azul, desde Buenos Aires. Cuando me levanté el 2 de abril y vi las noticias de la toma de Malvinas, pensé: "Me parece que esto... va a traer problemas. No me gusta". El fin de semana siguiente fue Semana Santa. Yo ya estaba en Azul cuando me convocaron. Vino la policía a mi casa. Los atendió mi viejo y me dijo: "Dicen que tenés que presentarte". Llegué a La Plata y en ese mismo momento estaban regresando los colimbas nuevos, que venían de hacer la instrucción. Me dieron toda la ropa, fusil, casco, nos cortaron el pelo. Todo eso el viernes. Nosotros salimos el martes a la tardecita. Sonó la sirena del regimiento y partimos. En ese período de días nos equiparon, nos dieron la ropa para Malvinas, en un bolso grande. Esa ropa no era tan mala, como por allí se dice”.
“En Malvinas, yo era radio operador y nunca había operado una radio, aunque tampoco es muy difícil. Teníamos el teléfono de la Segunda Guerra, con cable, y nos hacían ir a arreglarlo. Se cortaba el cable cada dos por tres. Cuando estábamos tranquilos, salíamos a la noche con otro soldado y seguíamos el cable con la mano hasta que te pinchabas y decíamos: "Ah, acá se soltó". Lo unía y volvía. Pero cuando empezaron los bombardeos, ¡andá a arreglar un cable! Caían "cuetazos" de todos lados y cortaban los cables muy seguido”.
“Cuando me tomaron prisionero los ingleses vi que usaban una radio muy pequeña. La llevaban atrás, debajo de la nuca, con un auricular y el micrófono para hablar (similar al que ahora usan los locutores en televisión)”.
“Nuestra ropa no era menos que la de ellos. Y el armamento, estaba viejo. Una cosa nos llamó la atención: cuando volvimos al regimiento, todos tenían fusiles nuevos. El mismo que el nuestro, pero nuevos, pavonados, negros, impecables. Los tenían los colimbas que habían quedado haciendo guardia en el regimiento. Fue una de las cosas que dijimos en ese momento: por qué no nos dieron esos fusiles nuevos a nosotros”.
“El calzado de los ingleses era una porquería. Por eso cuando se habla, a veces, de que venían con ropa mejor, no, es mentira. Tenían frío y hambre igual que nosotros”.
“Al principio todo funcionaba: venían con los tachos, nos daban de comer, hasta pan y gaseosa nos llegaron a dar al principio. Desayuno, almuerzo y cena, todo muy bien organizado. Después, se empezó a cortar. Entonces lo que nos quedaba era eso: mejorar la posición y buscar qué comer”.
“Algunos mataban ovejas, no era algo difícil. ¡Una vez matamos una vaca!”.
“En todo ese tiempo no nos cambiamos de ropa, ni nos bañamos. Recién pudimos bañarnos en el barco que nos trajo de regreso al continente. Obviamente, estuve en Malvinas con la misma ropa, todo el tiempo”.
“Yo pensaba: en semejante inmensidad, si yo me meto en algún lugar, no me encuentran. Pero lo cierto es que no te podés esconder. ¡Las balas te llueven de todos lados!”.
“Nos tiraron al piso y nos revisaron. A mí me abrieron los bolsillos, donde tenía guardadas cartas, plata. El tipo me revisó. Le dije que eran cartas y me las devolvió. No se quedó con nada, excepto con una cuchara que yo tenía en uno de los bolsillos. La agarró y la tiró. Evidentemente, sacaban todo lo que les parecía peligroso. Quedó el armamento ahí, las municiones. En el revoleo perdí el casco. Pero a los que aún tenían casco se lo dejaban”.
“Lo primero que preguntaron, ni bien nos tomaron prisioneros, fue: "Dónde están los oficiales". Ellos buscaban oficiales. Nosotros les decíamos: "No, no hay oficiales acá". "¿Y dónde están los oficiales?", nos preguntaban. Y uno de nuestros compañeros les decía: "Runaway! Runaway!" [Risas.] Porque se las habían tomado. ¡Realmente nos dejaron solos!”.
“Al regresar al regimiento de La Plata nos dijeron que no podíamos hablar. Ni con la prensa, ni con nadie. Cuando volví a La Plata, me fui a Buenos Aires antes de viajar hacia Azul. Al otro día, iba caminando por Florida y vi la cartelera del diario La Nación. Me paré, miré y no sé cómo salió el tema con la gente que estaba allí, pero comenté: "Yo recién vengo de Malvinas". La gente se empezó a amontonar alrededor y me preguntaba cosas. Vino un policía y me increpó: "Pibe, circulá porque si no te meto adentro". Me fui, indignado”.
“Yo no sé si era factible que la guerra se ganara. Según los ingleses, estuvieron a punto de perderla, sobre todo cuando perdieron embarcaciones importantes (una fue con Conveyor, donde había mucha logística y eso los complicó a estos tipos). Pero, básicamente, vimos una conducción pésima de nuestro lado. Es como que nunca imaginaron que iban a una guerra. Yo estaba en el regimiento cuando Galtieri dijo: "Si quieren venir, que vengan". Había distintas opiniones sobre eso. Estaban los que decían: "¡Qué pelotas que tiene!", y yo pensé: "¡Cuánto whisky tiene encima!".
“Por eso creo que a la guerra nos mandó Galtieri y nos mandó la gente. Nos mandó el pueblo. Tres días antes la gente había ido a la Plaza de Mayo a protestar contra la el gobierno militar y la situación económica. Estaban los gremios allí. Y el 2 de mayo volvieron a la plaza para apoyar a ese mismo gobierno. Salieron a favor de ellos. Es la sociedad que tenemos. Seguramente la responsabilidad mayor la tiene la gente que tomó la decisión de recuperar Malvinas, el gobierno de Galtieri. Pero hay que convenir que no tenemos ningún tipo de crítica sobre las cosas. Hoy ganamos y somos los mejores. Mañana perdemos y somos los peores. Y siempre ha sido así, en todos los aspectos. Pero esta vez no era un partido de fútbol. Esta vez se trató de una guerra”.
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