Tiene 22 años, desde los 17 lucha contra un cáncer y necesita ayuda urgente para un trasplante: "Es ahora o nunca"
Erika Ferreyra es de Glew y atraviesa su segunda recaída de Linfoma de Hodgkin. Cuando falleció su papá perdió la cobertura médica en medio del tratamiento. Volvió a empezar en el sistema público y hoy espera un autotrasplante de médula ósea que puede ser decisivo. Pide ayuda para afrontar los gastos del proceso.
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Erika Ferreyra tiene 22 años, vive en Glew, en la zona sur del conurbano bonaerense, y desde los 17 pelea contra un cáncer: Linfoma de Hodgkin, una enfermedad que afecta el sistema linfático.
“Hace cinco años que estoy con esto”, cuenta en diálogo con LANOTICIA1.COM. Su historia está atravesada por tratamientos, interrupciones y recaídas, en un camino que se volvió cada vez más difícil.
Todo empezó cuando le detectaron la enfermedad, en un momento en el que todavía contaba con la cobertura médica prepaga de su papá. Allí inició el tratamiento con quimioterapia. Desde el comienzo, los médicos le anticiparon que el proceso iba a derivar en un trasplante de médula ósea. Sin embargo, cuando llegó ese momento, comenzaron los problemas.
“Me daban muchas vueltas con la medicación y con el trasplante. Me ponían trabas para todo”, recuerda. En medio de esa situación, Erika atravesó además un golpe personal muy duro: la muerte de su papá durante la pandemia. “Le agarró Covid y falleció. Fue muy fuerte para toda la familia”.

A partir de ese momento, sostener la cobertura médica se volvió cada vez más difícil. Era su papá quien tenía el principal ingreso del hogar y, sin él, el costo del plan familiar de la prepaga se volvió imposible de afrontar. Por eso, la familia evaluó dar de baja a todos los integrantes y mantener únicamente la cobertura de Erika para que pudiera continuar con el tratamiento.
Según su relato, desde la empresa les indicaron que debían dar de baja el plan familiar y que luego ella podría adherirse de manera individual. “Accedimos porque no podíamos pagar todo”, cuenta.
Sin embargo, eso no ocurrió. Erika asegura que no le dieron la posibilidad de volver a incorporarse y que quedó sin cobertura en pleno tratamiento. “Fue como una estafa”, afirma.

Una recaída y volver a empezar
Durante un tiempo dejó de tratarse. “Me sentía bien entre comillas, porque las quimios habían hecho efecto, pero me faltaba el trasplante”, explica. Ese paréntesis duró más de un año, hasta que la enfermedad volvió.
“La recaída fue fuerte. No podía caminar, había bajado mucho de peso, tenía ganglios por todo el cuerpo. Pensé que podía ser otra cosa, pero era lo mismo”, relata.
Sin cobertura médica y sin posibilidad de sostener un trabajo formal —realizaba emprendimientos desde su casa cuando su estado se lo permitía— comenzó a buscar atención en hospitales públicos.
El camino no fue sencillo. “En algunos lugares me querían hacer todo de nuevo desde cero, biopsias y estudios que yo ya tenía”, cuenta.
Finalmente, logró ingresar al Hospital María Curie, donde llegó por guardia en un estado delicado. “No podía caminar, estaba muy débil. Me internaron directamente y me tuvieron que transfundir”, recuerda.
Allí le realizaron estudios, confirmaron el diagnóstico y volvió a iniciar el tratamiento.

El trasplante y la ayuda que necesita
Durante varios meses recibió quimioterapia y, según cuenta, también una medicación específica utilizada en tratamientos oncológicos. Tras ese proceso, logró una remisión completa. Sin embargo, los médicos fueron claros: el tratamiento no termina ahí.
“La quimio va de la mano del trasplante. No se puede obviar. Si no lo hago, en unos meses puede volver y ya no es lo mismo”, explica.
Por eso, ahora espera la fecha para el autotrasplante de médula ósea, que se realizará en el Hospital San Martín de La Plata. “Me dijeron que puede ser esta semana o la que viene. Estoy esperando el llamado”, cuenta.

El procedimiento implica una internación prolongada, de más de un mes, con aislamiento durante los primeros días. “Voy a estar aislada, no puede quedarse nadie conmigo al principio”, explica.
Pero además del desafío médico, aparece el económico. Erika y su familia viven en Glew, a unas dos horas de La Plata, lo que hace inviable viajar todos los días. “No se puede ir y volver. Mi mamá y mi pareja me van a acompañar, pero eso implica que dejen de trabajar”, señala.
Su mamá es empleada doméstica y su pareja realiza trabajos informales. “Es lo que usamos para vivir el día a día. Si dejan de trabajar, nos quedamos sin nada”, resume.

Por eso, decidió hacer público su caso y pedir ayuda para poder afrontar los gastos de traslado, estadía y alimentación durante el proceso. “Me manejo con publicaciones en redes para poder juntar algo. Todo suma”, dice.
La enfermedad también impactó en su vida cotidiana. Tuvo que dejar el colegio cuando estaba en el último año. “Dejé todo. Venía con síntomas y después con el diagnóstico ya no pude seguir”, cuenta.
Hoy, mientras espera el trasplante, convive con una mezcla de sensaciones. “Es una mezcla de todo: miedo, nervios, pero también ganas”, expresa. Y deja una frase que resume su presente: “Hay que aprovechar ahora, es ahora o nunca”.
Cómo ayudar:
Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a través del alias Erikaferreyra0411, a nombre de Erika Carolina Ferreyra.
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