Venezuela duele: la historia de Cecilia, la foto reportera que vive como refugiada en Alemania
El régimen la persiguió cuando vivía Hugo Chavez, sufrió agresiones y hasta le expropiaron su departamento. Es una fotógrafa reconocida pero nunca más pudo ejercer su profesión ya que su condición de exiliada no lo permite. Cecilia Rodríguez espera y dice no había otro modo de terminar con Maduro. Cree que hará falta mucho tiempo para desactivar la dictadura.
Hay reencuentros que reflejan el paso de la historia compartida. Quien cubre una noticia de otro país llega y vuelve a su hogar. El periodista local, se queda, responde, paga las consecuencias y se aferra a la esperanza de esperar que su pesadilla termine. Corría el año 2009 cuando, en una Caracas convulsionada por la expropiación de medios y la persecución política, nos conocimos.
Cecilia Rodríguez ya era una fotoperiodista de raza, una mujer que entendía que su cámara era un arma eficaz frente al avance del régimen con el que latinoamécica se entusiasmó y terminó en sangrienta dictadura. Hurgaba archivos, documentaba rostros, publicaba maneras de pensar con sólo gatillar su máquina. A muchos de los que luchaban con ella no volvió a verlos.

Más de quince años después y a miles de kilómetros de distancia, su voz llega desde Alemania, donde vive como refugiada, cargando con una historia que sólo podrá cerrar si logra activar la lente de su cámara para reflejar el regreso de la democracia.
“Es muy difícil documentar el dolor”, dijo al describir los trámites que tuvo que gestionar para calificar como refugiada.
La historia de Cecilia es la de millones, pero ella fue testigo directo del desmantelamiento de la libertad de expresión. La entrevista que concedió a Lilí Berardi para su programa Sin Galera, es una recorrida ineludible por una persecución que no fue solo simbólica; se materializó en amenazas, en la pérdida de espacios de trabajo y en una violencia cotidiana que la obligó a dejar su tierra. Primero llegó a Panamá pero su colaboración con la tarea del consorcio internacional de periodistas en la investigación de los Panamá Papers, la dejó nuevamente en peligro. Había descubierto las maniobras financieras de lavado de dinero de un alto funcionario venezolano.
Cuando habla de su vida en Alemania, la protección que consiguió se mezla con la resignación a trabajar en tareas que no están a la altura de su talento y desempeño. Su madre murió en su Venezuela natal y su hermano aún resiste en la casa de la familia desde la que recuerdan “el reventón” de 1922 cuando explotó un pozo de petróleo que se transformó en la mayor reserva mundial de ese combustible. Cecilia cree que la riqueza natural de su país jamás fue explotada en favor de los venezolanos y pregunta: ¿por qué se molestan tanto con Trump si China, Cuba o Rusia en complicidad con Maduro se han llevado todo sin que el mundo se los reclame?
Su resiliencia ha sido el motor, su coraje; su bandera. La defensa de la libertad y la de su pueblo una meta que aún resta mucho por alcanzar.
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