Amenazas en escuelas: una especialista advierte sobre el impacto en los chicos y pide no minimizar el problema
¿Cómo hablar de estas amenazas con los chicos y qué hacer frente al miedo? En diálogo con LANOTICIA1.COM, la psicóloga Daniela Gasparini analizó el fenómeno y advirtió: "Hay algo que traspasa la pantalla y llega a la escuela, y los chicos no pueden resolverlo solos".
:format(webp):quality(40)/https://lanoticia1cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/gasparini.png)
Las amenazas de tiroteos y las pintadas intimidantes en escuelas encendieron la alarma en distintas comunidades educativas del país. En los últimos días se repitieron evacuaciones, suspensión de clases y activación de protocolos, en un escenario que ya desbordó lo estrictamente preventivo y empezó a golpear de lleno en lo emocional.
El fenómeno no distingue territorio: se registraron casos tanto en grandes municipios del conurbano bonaerense como en pequeñas localidades del interior, lo que refuerza la preocupación y evidencia un patrón que se replica.
Para la psicóloga Lic. Daniela Gasparini, especializada en Trata de Personas, Género y Derecho (UBA, M.N. 50.200), lo que está ocurriendo no puede leerse como hechos aislados ni como “bromas de mal gusto”. “No es una amenaza más. Es algo que irrumpe después de un hecho real y muy cercano, como el tiroteo en una escuela de Santa Fe. Eso genera un impacto mucho más profundo y una sensación de desprotección muy grande”, advierte.
La especialista describe un escenario de desconcierto generalizado. Familias que no saben si mandar a sus hijos a la escuela, instituciones que reaccionan sobre la marcha y un Estado nacional y provincial que, según plantea, “llegan tarde”. En ese contexto, la falta de herramientas se vuelve cada vez más visible en la comunidad educativa.
Gasparini pone el foco en un elemento clave: el origen digital del fenómeno. Explica que muchas de estas amenazas funcionan como retos virales que se multiplican por “efecto contagio”. “Hay algo que traspasa la pantalla. Lo que empieza en una red social termina apareciendo en una escuela. Y el mensaje es hiperviolento”, señala.

En ese recorrido, advierte sobre espacios digitales donde circulan contenidos extremos. “Hay grupos que promueven odio, misoginia y hasta una especie de fascinación por las masacres. Eso no siempre se ve en las plataformas abiertas, sino en redes más cerradas como Telegram o Discord”, explica. Y agrega que, a mayor exposición digital, mayores son los riesgos: “No porque estén en casa con un celular están más seguros que en la calle”.
Frente a este escenario, cuestiona el enfoque predominante. “Los protocolos que se están aplicando son más sancionadores que preventivos. Se castiga, pero no se explica ni se trabaja en cómo evitar que esto pase”, afirma. Si bien reconoce que las medidas de seguridad son necesarias, advierte que resultan insuficientes: “Ordenan un poco la emergencia, pero no resuelven el problema de fondo”.
Al mismo tiempo, subraya la importancia de no minimizar las amenazas. “Ante una situación así, lo primero es no relativizarla y dar aviso inmediato a las autoridades”, remarca, en línea con la necesidad de actuar con rapidez.
Ese fondo, según plantea, está ligado a una crisis más amplia. “Esto es un síntoma de época. Hay una crisis en salud mental y estamos llegando tarde”, dice. En ese sentido, reclama políticas integrales, que incluyan prevención, regulación del entorno digital y acompañamiento a las familias.
También introduce un concepto clave: la crianza digital. “La escuela no reemplaza a la familia y la familia sola no puede. Necesitamos herramientas para acompañar a los chicos en el uso de la tecnología”, sostiene. Y advierte que cualquier intento de limitar ese consumo sin preparación puede generar reacciones complejas: “Hay chicos totalmente inmersos en el mundo digital. Retirar eso de golpe puede generar síntomas, incluso situaciones de abstinencia”.

En ese marco, la especialista recuerda que la adolescencia es una etapa de cambios y búsqueda de identidad. “El adolescente necesita despegarse de las figuras parentales y busca reconocimiento entre sus pares”, explica. Y advierte que, en ese proceso, el rol de los adultos sigue siendo clave para marcar límites y acompañar.
Gasparini insiste en que no se puede minimizar lo que está pasando. “Hay que habilitar la palabra. Los chicos también tienen miedo. A veces los adultos estamos asustados, pero nos olvidamos de que ellos también lo están”, plantea. En esa línea, remarca la importancia de escuchar, preguntar y acompañar, incluso cuando las respuestas sean esquivas.

Otro punto crítico es la falta de espacios de contención dentro de las escuelas. “No hay gabinetes psicológicos en la mayoría de las instituciones. Si existieran, muchas situaciones podrían detectarse y prevenirse a tiempo”, advierte.
Finalmente, alerta sobre el riesgo de naturalizar estas escenas. “Que los chicos tengan que ir a la escuela con mochilas transparentes o pensando que puede haber un tiroteo deja una marca. Así como antes se naturalizó el bullying, hoy podemos estar naturalizando otras formas de violencia”, reflexiona.
Y deja una advertencia directa: “No ver los síntomas es negar la realidad”.
En medio de la incertidumbre, el mensaje es claro: no alcanza con reaccionar ante la amenaza. El desafío es más profundo y exige respuestas urgentes antes de que el problema escale.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión