Muerte de adolescente por hantavirus en San Andrés de Giles: “Lo mandaron a casa con ibuprofeno”, se quejó el padre
Rodrigo Morinigo comenzó con síntomas el 25 de diciembre y falleció el 3 de enero en Pergamino. Su familia denuncia demoras, falta de estudios y una atención médica inadecuada en el hospital municipal.
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La muerte de Rodrigo Morinigo, un adolescente de 14 años oriundo de San Andrés de Giles, volvió a poner en foco la gravedad del hantavirus y la familia de la víctima apuntó contra la atención sanitaria recibida en el hospital municipal. Según denuncia su familia, el joven fue enviado a su casa con ibuprofeno pese a un cuadro febril persistente y no se le efectuaron estudios claves en las primeras consultas.
La evolución de la enfermedad
Los síntomas comenzaron el jueves 25 de diciembre, cuando Rodrigo empezó con fiebre alta. Al no poder bajar esa temperatura, el lunes 29 su padre, David Morinigo, lo llevó al hospital municipal. “Lo atendieron así no más. Le dieron ibuprofeno y lo mandaron a casa. Aunque no le bajaba la fiebre, no fueron capaces de pedirle una placa o un análisis de sangre. El médico dijo que era un cuadro viral”, relató al medio Infobae.
El 31 de diciembre, la familia regresó al hospital. Rodrigo tenía 40 grados de fiebre y una sed constante. Esta vez, una médica que conocía a la familia ordenó estudios y decidió dejarlo en observación con suero ante resultados que abrían distintas hipótesis, entre ellas dengue hemorrágico.
Sin embargo, la evolución siguió siendo desfavorable. De acuerdo con el testimonio del padre, el adolescente fue trasladado a una sala común sin aire acondicionado, en medio de una jornada de calor extremo. “Mi señora pidió un ventilador porque se estaba sofocando y le dijeron que no. Le sugirieron refrescarlo con una ducha. Mientras lo bañaba, se desmayó”, contó. Recién entonces fue derivado a terapia intensiva y, tras repetir los análisis, surgió la sospecha de hantavirus.
El 1° de enero, Rodrigo fue derivado de urgencia al Hospital Interzonal General de Agudos “San José” de Pergamino, a unos 140 kilómetros. Durante el traslado volvió a descompensarse. “Antes de salir le dijo a su mamá que le dolía el pecho y que no podía respirar. Pedía algo para calmar el dolor”, recordó David.
Horas más tarde, el padre recibió un llamado para que viajara a Pergamino a donar sangre. “Me fui creyendo eso y, en realidad, me llamaron para despedirme”, relató. Cuando llegó, Rodrigo estaba entubado. “Me dijeron que le hablara, que le diera ánimo. Verlo así, lleno de cables, no tiene consuelo”.
El diagnóstico se confirmó al día siguiente, pero ya era irreversible. Rodrigo murió en la madrugada del 3 de enero, en terapia intensiva. Su padre agradeció la atención recibida en Pergamino y apuntó contra el hospital de San Andrés de Giles. “Así tendría que haber sido desde el principio. Ahora ni siquiera me quieren dar la historia clínica”, denunció.
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