Simón llegó antes de tiempo, pesó menos de dos kilos y les enseñó a sus padres el significado de la espera
Nació a las 36 semanas y pasó 23 días en neonatología. María Paula y Joaquín, una joven pareja de Baradero, imaginaban volver a casa con su hijo en pocos días, pero tuvieron que aprender a convivir con la incertidumbre. La historia de un bebé muy esperado que dio su primera batalla desde el nacimiento.
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Cuando María Paula Seisdedos y Joaquín Moro imaginaron la llegada de su primer hijo, pensaron en una escena sencilla: algunos días de internación, la emoción de conocerlo y el regreso a casa para empezar una nueva vida en familia. Pero la historia de Simón tomó otro camino.
El bebé nació el 20 de abril por cesárea, a las 36 semanas de gestación, debido a una restricción de crecimiento detectada durante el embarazo. Pesó 2,240 kilos y, apenas llegó al mundo, fue trasladado a neonatología.
"Uno tiene otras expectativas para cuando va a tener un bebé. Pensás que vas a estar dos o tres días en el hospital y volver a casa los tres juntos. Fue angustiante porque era todo nuevo para nosotros", recuerda María Paula.
Pero para entender la historia de Simón hay que remontarse varios años atrás.
María Paula y Joaquín viven en Baradero y llevan más de 13 años de relación. Se conocieron cuando eran adolescentes en la Escuela Técnica de la ciudad, aunque el vínculo venía de antes: Joaquín ya conocía a uno de los primos de ella desde la escuela primaria.
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Lo que comenzó como un trato cotidiano entre chicos que compartían los mismos lugares terminó convirtiéndose en una historia que atravesó la adolescencia, los estudios, los primeros trabajos y los proyectos de vida.
"Nos conocemos desde muy chicos", resume Joaquín.
Trece años después de aquellos primeros encuentros en los pasillos de la escuela, la vida los encuentra transitando una experiencia completamente distinta: convertirse en padres.
Para ambos, la llegada de Simón representa una nueva etapa en una historia construida con paciencia y tiempo, de esas que crecieron de manera natural y acompañaron el paso de los años.
"Nos cambió la vida a nosotros y a toda la familia", dice María Paula.
Aunque la llegada del bebé no estaba planificada para ese momento, ambos sabían que algún día querían formar una familia. Lo que nunca imaginaron era la forma en que se enterarían de la noticia.
Todo comenzó cuando María Paula acudió a una consulta médica por una situación que, en principio, parecía no tener relación con un embarazo. La sospecha era que podía tratarse de un quiste, por lo que decidió realizarse estudios para despejar dudas.
El resultado terminó cambiando por completo la vida de la pareja.
"Nos habían dicho que podía ser un quiste. Cuando fuimos al médico nos enteramos de que en realidad era un embarazo. Salimos de ahí y fuimos directo a contárselo a nuestras familias", cuenta Joaquín.
La sorpresa fue tan grande que dejaron de lado cualquier plan que hubieran imaginado para comunicar la noticia. Aunque alguna vez habían hablado de cómo les gustaría anunciar un futuro embarazo, aquella vez no hubo tiempo para preparativos.
Con la ecografía en la mano, fueron directamente a compartir la felicidad con sus seres queridos.
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El embarazo avanzó con controles médicos que María Paula realizó en el Hospital Privado SADIV de San Pedro. La cercanía con Baradero y la confianza que le transmitía el equipo profesional hicieron que eligiera continuar allí todo el seguimiento.
El nombre también estaba definido desde hacía tiempo.
"Me gustaba mucho y le terminé ganando al papá", cuenta María Paula entre risas.
Pero después de la alegría inicial llegó la preocupación.
Durante sus primeros días de vida, Simón tuvo dificultades para tolerar la alimentación, le costó regular la temperatura corporal y continuó perdiendo peso. Llegó a pesar apenas 1,970 kilos.
"Sabíamos que por su cuadro iba a tener que quedar internado. Lo difícil no era la atención que recibía, porque siempre estuvo muy cuidado, sino la tristeza propia de tener que volver a casa sin él. Es una angustia que entienden todos los padres que atraviesan una internación neonatal", relata María Paula.
Veintitrés días lejos de casa, pero acompañados
La rutina familiar cambió por completo. María Paula recibió el alta médica y volvió a su casa apenas para acomodar algunas cosas antes de regresar junto a su hijo. Durante más de tres semanas, los viajes entre Baradero y San Pedro se volvieron parte de la vida cotidiana.
"Al principio íbamos y veníamos, pero después él empezó a estar más en contacto con nosotros, a necesitar más abrazos, más presencia. Se hacía cada vez más difícil volver a casa", cuenta.
En medio de la incertidumbre, ambos destacan el acompañamiento que recibieron durante toda la internación.
"Recibimos mucho apoyo de parte de las doctoras, de las enfermeras, de todo el equipo. Desde los camilleros hasta los médicos. En un momento tan sensible para una familia eso hace una diferencia enorme", recuerda María Paula.
Con el correr de los días, los profesionales de neonatología se transformaron en una presencia fundamental para los padres.
"Ya se habían vuelto como una familia para nosotros. Nos daban tranquilidad para volver a descansar unas horas, nos explicaban todo y al día siguiente nos contaban cómo había pasado la noche Simón. Eso nos ayudó muchísimo", asegura Joaquín.
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La experiencia también puso a prueba las emociones de la pareja. Los días de licencia por paternidad no alcanzaron para cubrir toda la internación y Joaquín tuvo que regresar a su trabajo en una refinería de maíz de Baradero mientras su hijo continuaba internado.
"Eso fue complicado. Uno estaba tranquilo porque sabía que estaba bien cuidado, pero la cabeza trabaja todo el tiempo. Lo único que querés es estar ahí", explica.
Como ocurre en muchas familias que atraviesan una internación neonatal, la vida quedó en pausa. Los proyectos, las rutinas y los horarios comenzaron a girar alrededor de la evolución del bebé.
La internación permitió que Simón recibiera el seguimiento necesario para atravesar sus primeras dificultades. La evolución fue lenta pero constante. Con controles permanentes, monitoreo especializado y acompañamiento nutricional, comenzó a recuperar peso hasta alcanzar las condiciones necesarias para regresar a casa.
Incluso hoy, varias semanas después del alta, los padres siguen recordando por nombre a varios integrantes del equipo que los acompañó durante aquellos días.
"La jefa de neonatología es Analía Spies, que además es vecina nuestra de Baradero. Pero la verdad es que todas las enfermeras y todos los profesionales fueron excelentes. Nosotros vamos a estar agradecidos siempre por cómo cuidaron a Simón", coinciden.
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El día más esperado
Con el paso de las semanas comenzaron a llegar las buenas noticias.
El 13 de mayo llegó finalmente el alta médica.
Ese día Simón pesaba 2,500 kilos.
"Ya no veía la hora de salir del trabajo para ir a buscarlo. Fue una emoción enorme. Uno sabe que está bien cuidado, pero quiere tenerlo en casa", recuerda Joaquín.
Hoy el pequeño sigue creciendo. En su último control ya pesaba 2,790 kilos y sus padres celebran cada avance como una victoria.
Según les explicaron los médicos, está aumentando de peso incluso por encima de lo esperado para esta etapa. Mientras tanto, las visitas familiares continúan siendo cuidadosas. La recomendación es evitar reuniones numerosas y extremar las medidas de higiene debido a la circulación de enfermedades respiratorias durante esta época del año.
Y no es una tarea sencilla. Por un lado, Simón es el primer nieto para la familia de María Paula. Por el otro, se convirtió en el octavo nieto para la familia de Joaquín.
La llegada del pequeño fue muy esperada por ambos lados de la familia, que siguieron de cerca cada novedad durante los 23 días que pasó en neonatología y celebraron cada avance junto a sus padres.
En el caso de la familia paterna, además, tiene un valor simbólico especial.
"Joaquín es el más chico de cuatro hermanos. Era el bebé de la familia y ahora le tocó convertirse en papá", cuenta María Paula con una sonrisa pícara.
Ahora que Simón ya está en casa y continúa creciendo, las ganas de conocerlo y disfrutarlo son enormes. Sin embargo, los padres siguen algunas recomendaciones médicas para protegerlo.
"Sabemos que todos tienen ganas de verlo y disfrutarlo, pero hay que cuidarlo un poco más por ahora", explican sus padres.
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El futuro que imaginan para Simón
La historia de Simón también es la historia de muchas familias bonaerenses que atraviesan largas internaciones neonatales. Días de incertidumbre, noches difíciles y una espera que parece eterna, pero que suele dejar enseñanzas profundas.
"Lo primero que deseamos es que crezca sano y feliz. Que siga sus sueños y haga siempre lo que le dicte el corazón", dice María Paula.
La joven cursa el profesorado de Educación Inicial en Baradero, una carrera que decidió poner momentáneamente en pausa durante las semanas más intensas de la internación de Simón para dedicarle todo su tiempo y acompañarlo de cerca en sus primeros días de vida.
Quienes la rodean suelen destacar su facilidad para relacionarse con los más chicos, una vocación que la llevó a elegir la docencia y que hoy, con Simón en brazos, adquiere un significado todavía más profundo.
Joaquín completa la idea, sin ocultar su emoción:
"Queremos acompañarlo siempre. Darle las herramientas para afrontar la vida y estar a su lado en todo momento. Porque es lo más maravilloso que nos pasó en la vida".
En Baradero, una de las ciudades más antiguas de la provincia de Buenos Aires, la vida suele transcurrir a otro ritmo. Joaquín habla de los domingos en la rotonda, donde vecinos y familias se reúnen para tomar mate, pasear y ponerse al día. Es una de esas costumbres de pueblo que todavía se conservan y forman parte de la identidad local.
También están las tardes junto al río, las salidas de pesca y esa tranquilidad que, según él, no cambiaría por nada.
En ese escenario crece ahora Simón. La familia vive en el barrio Los Troncos, una zona tranquila ubicada cerca de Colonia Suiza, donde la noticia de su llegada movilizó a familiares, amigos y vecinos.
Allí lo esperan sus primeras caminatas, los encuentros familiares y una infancia rodeada de afectos. Después de 23 días de espera, de miedos y de aprendizajes, el pequeño que nació pesando apenas 2,240 kilos ya empezó a escribir su propia historia.
Y lo hizo de la misma manera en que llegó al mundo: peleando cada batalla paso a paso.

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