Almorzar en el trabajo, un lujo: estudio revela que 8 de cada 10 asalariados no comen bien en su jornada laboral
Lo advierte un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA basado en una encuesta nacional a más de 1.100 asalariados. El estudio comprueba que la mayoría de los trabajadores se saltea comidas o elige alimentos menos nutritivos por motivos económicos, mientras que uno de cada cuatro directamente no come durante su jornada laboral. En diálogo con LANOTICIA1.COM, la investigadora Lucrecia Freije explicó que incluso entre trabajadores registrados el almuerzo ya representa un gasto que puede absorber hasta una cuarta parte del salario mensual.
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La dificultad para alimentarse durante la jornada laboral se volvió una realidad cada vez más extendida entre los trabajadores argentinos. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina reveló que el 83,5% de los asalariados sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria en el trabajo, ya sea porque reduce la cantidad de comida o porque resigna su calidad nutricional por motivos económicos.
El estudio, basado en una encuesta nacional a 1.171 trabajadores, muestra que apenas el 16,5% está libre de privaciones alimentarias durante su jornada laboral.
En diálogo con LANOTICIA1.COM, la investigadora del ODSA Lucrecia Freije, licenciada en Relaciones Internacionales, explicó que se trata de la primera encuesta nacional enfocada específicamente en la alimentación de los trabajadores.
“Es la primera encuesta nacional sobre alimentación de los trabajadores asalariados en Argentina. Se relevaron aproximadamente 1.200 casos con representatividad nacional para analizar en qué condiciones se alimentan los trabajadores”, explicó.
El almuerzo, un gasto cada vez más pesado
Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores fue el peso que tiene el almuerzo en el presupuesto mensual.
“Uno de los datos más relevantes que encontramos fue el impacto económico que tiene la alimentación durante la jornada laboral. Para quienes comen en el trabajo, almorzar implica un gasto significativo”, señaló Freije.
Según el informe, el 80% de los trabajadores gasta hasta 10.000 pesos por día en su comida durante la jornada laboral.
La investigadora explicó que ese gasto puede tener un peso muy alto en el ingreso.
“Si pensamos en salarios que rondan entre 800.000 y 1.000.000 de pesos mensuales, ese gasto puede representar alrededor de una cuarta parte del ingreso destinado únicamente al almuerzo durante la jornada de trabajo”, detalló.
“Esto demuestra que incluso entre trabajadores registrados la alimentación cotidiana se vuelve un costo importante que condiciona qué y cómo se come”, agregó.

Saltearse comidas y comer peor
El informe también revela que muchos trabajadores terminan modificando su dieta por razones económicas.
Según los datos relevados, el 61,1% de los asalariados se saltea comidas y el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos para abaratar costos.
Cuando ambas situaciones se combinan aparece el cuadro más crítico: el 56,2% sufre lo que los investigadores denominan “doble privación alimentaria”, es decir, saltearse comidas y consumir alimentos de menor calidad nutricional.
“Más de la mitad de los trabajadores, en concreto un 56%, sufre esta doble privación: por un lado se saltea comidas y por otro elige alimentos menos nutritivos por motivos económicos”, explicó Freije.
La problemática afecta con mayor intensidad a algunos sectores.
“Esto impacta especialmente en mujeres, trabajadores jóvenes, personas con menor calificación y también en regiones más vulnerables como el noreste y el noroeste argentino”, detalló.
El problema también golpea al sector público
Uno de los hallazgos que más sorprendió a los investigadores fue la situación de algunos ámbitos laborales.
“Tuvimos un dato que nos llamó mucho la atención: en el sector público, especialmente en áreas como la salud y la educación, los niveles de privación eran aún más altos que en el sector privado”, señaló Freije.
De acuerdo con el informe, en el sector público la doble privación alimentaria alcanza al 70% de los trabajadores, una cifra muy superior a la registrada en el sector privado.
Para la investigadora, esto muchas veces se relaciona con las condiciones de trabajo.
“No solo estamos hablando de un problema de ingresos. También influyen los ritmos acelerados de trabajo, el poco tiempo para comer y la falta de espacios adecuados”, explicó.
Freije contó que durante el relevamiento aparecieron ejemplos muy concretos de la vida cotidiana laboral. “Por ejemplo, muchas maestras que trabajan jornada completa en dos colegios nos contaban que en el horario del almuerzo en realidad están viajando de una escuela a otra. Entonces directamente no comen o terminan reemplazando la comida por algo rápido”, relató.

Comer en el escritorio… o directamente no comer
Las condiciones laborales también influyen en cómo y dónde se alimentan los trabajadores.
Entre quienes sí comen durante la jornada, el 41,5% lo hace en su propio escritorio o puesto de trabajo, muchas veces por falta de infraestructura adecuada.
Además, solo el 32,4% de los trabajadores tiene acceso a un comedor en su lugar de trabajo.
Pero el dato más alarmante es otro: el 22,6% de los asalariados directamente no come durante su jornada laboral.
Freije señaló que, en la práctica cotidiana, esto suele traducirse en hábitos muy comunes entre los trabajadores.
“En algunas respuestas abiertas aparecía algo muy típico: trabajadores que reemplazan el almuerzo por mate y algo rápido, como bizcochitos”, contó.
También aparecen otras estrategias para abaratar costos. “Muchos trabajadores terminan recurriendo a promociones muy baratas, como las de tres empanadas con gaseosa que ofrecen algunas cadenas de comida rápida que se expandieron mucho en el conurbano”, explicó.
“Eso muestra cómo la decisión de qué comer no siempre está guiada por lo nutricional sino por lo que alcanza con el bolsillo”, agregó.

Impacto en la salud
La investigadora advirtió que estas prácticas terminan teniendo consecuencias en la salud.
“Si los trabajadores comen alimentos de bajo valor nutritivo y alto contenido calórico o se saltean comidas, muchas veces cuando llegan a sus casas terminan comiendo en exceso, con alimentos que no siempre son los más saludables”, explicó.
El informe muestra que más de un tercio de los trabajadores reconoce que su dieta es poco saludable, mientras que el 23,1% presenta obesidad.
Además, entre quienes casi nunca pueden tomarse una pausa para comer, la obesidad alcanza al 35,8%, casi el doble que entre quienes sí logran hacerlo.
“El lugar de trabajo aparece como un espacio clave para promover hábitos alimentarios más saludables”, sostuvo Freije.
Un tema que empieza a asomar en la agenda
Para la investigadora, el tema debería comenzar a discutirse con mayor profundidad en el ámbito público y laboral.
“Creemos que es un tema que debería empezar a ponerse en agenda. La alimentación en el trabajo no es solo un beneficio para el trabajador, también tiene impacto en la empresa y en la sociedad porque es una inversión en salud y desarrollo”, afirmó.
El informe muestra además que el 80,4% de los trabajadores desearía recibir algún tipo de aporte del empleador para la alimentación, como tarjetas o contribuciones económicas.
Sin embargo, Freije advirtió que esa medida por sí sola no resolvería el problema.
“No tenemos que ser ingenuos pensando que una herramienta económica va a solucionar por sí sola la problemática. Tiene que ir acompañada de políticas de concientización, educación alimentaria y otras estrategias más amplias”, concluyó.
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