Argentina entre los países con más casos de coronavirus al borde del colapso sanitario y un Presidente que duda
Más allá de las discusiones y chicanas políticas, lo cierto es que en las últimas semanas lo que el Gobierno había logrado en el principio de la pandemia se derrumbó. Argentina superó en cantidad de contagios a países que fueron emblemas del desastre, como Inglaterra, donde incluso su Presidente estuvo al borde de la muerte producto del Covid-19. El Jefe de Estado Alberto Fernández, por estas horas, deberá tomar una decisión, casi sin margen para errores, en medio de las demandas por volver a Fase 1 o continuar con las aperturas.
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Por Federico De Marco
El "tiempismo" político volvió a mostrar sus límites una vez más. Gestionar en función de cierto "humor social", muchas veces extraído de una mala lectura de redes sociales, genera consecuencias negativas en casi todos los casos.
Cuando la cuarentena "dura" tuvo consenso, hubo cuarentena "dura". Cuando comenzó a alzarse la voz de cierto hartazgo (que podía ser representativo de las mayorías o no), principalmente en Capital Federal (donde atiende Dios), se avanzó hacia una delegación de las responsabilidades, principalmente hacia el individuo, como si existiera el "orden espontáneo" donde los sujetos se autocontrolar y regulan a sí mismos (si esto funcionase no haría falta la policía ni ningún organismo de control en cualquiera de sus niveles).
Como era de esperar, la liberación de las responsabilidades, entre otras cuestiones, llevó entre mayo y agosto a una multiplicación por 25 en la cantidad de contagios, colocando a la Argentina en ese lugar que uno en abril miraba por TV, lejano, mientras acá se indicaba que teníamos los "mejores resultados gracias a que actuamos de manera temprana".
Ahora, tras el grito agónico de los médicos, sentenciando que el sistema de salud está al límite del colapso y que ya no tienen fuerzas para continuar ("nos dejaron solos", señalaron), el Gobierno de Alberto Fernández deberá actuar conforme la situación lo requiere, y elija la opción que elija, perderá. Si no da marcha atrás de manera estricta con las fases de aislamiento, los contagios continuarán avanzando y el sistema de salud se desplomará. Si da marcha atrás, un grueso sector de la sociedad -con razón o no- se le vendrá encima (por cuestiones particulares o intereses partidarios).
Lo cierto es que ya no hay más margen para cuidar la imagen política, y tampoco para endilgar problemas y aguardar soluciones mágicas. Esperemos no tener que ver las escenas de los médicos eligiendo a qué paciente atender mientras otros infectados mueren en los pasillos colapsados de los hospitales por falta de personal.
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