“Nunca cerraron tantas juntas”: en dos años bajaron la persiana 630 panaderías bonaerenses y 2.000 en todo el país
Así lo aseguró Martín Pinto, secretario general de la Cámara de Industriales Panaderos bonaerenses (CIPAN). En diálogo con LANOTICIA1.COM describió la profunda crisis que atraviesa el sector, marcada por el desplome del consumo, el aumento de tarifas y la pérdida de puestos de trabajo.
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El secretario general de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) y titular del Centro de Panaderos de Merlo, Martín Pinto, advirtió en diálogo con LANOTICIA1.COM que el sector atraviesa una crisis histórica marcada por la caída del consumo, el cierre de comercios y la pérdida de puestos de trabajo.
Según explicó, el rubro panadero no siempre refleja lo que muestran los índices oficiales de inflación. “Nosotros nunca tomamos en cuenta el tema de la inflación porque nunca fue de la mano con lo que vivimos. Cuando los índices marcaban un 1,5%, a nosotros las cosas nos aumentaban entre un 8 y un 12% todos los meses”, señaló.
En ese contexto, el dirigente aseguró que el consumo de pan y productos panificados registra una caída muy fuerte. “En este primer trimestre del año, comparado con el mismo período del año pasado, ya tenemos una baja del 45% en el consumo. Y si miramos los últimos dos años, el pan cayó cerca del 55%, mientras que la pastelería, tortas o sándwiches de miga bajaron hasta un 85%”, explicó.
Cierres de panaderías y pérdida de empleos
El impacto de esa caída se refleja directamente en el mapa del sector. Pinto aseguró que en todo el país cerraron unas 2.000 panaderías en los últimos dos años, lo que implicó la pérdida de alrededor de 16.000 puestos de trabajo directos.
En la provincia de Buenos Aires, el panorama también es crítico. “Tenemos 630 panaderías cerradas en dos años, algo que no pasó jamás en la historia de nuestro gremio”, remarcó.
Además, advirtió que el impacto laboral es mayor si se consideran los trabajos indirectos que dependen de la actividad. “No es solo el empleado de la panadería. Está el electricista, el fletero, el que arregla las máquinas, el pintor o el albañil que hacía trabajos en el local. Son muchísimos puestos de trabajo que también se pierden”, explicó.

El pan queda, lo demás desaparece
Pinto sostuvo que el cambio en el consumo es evidente dentro de los locales. Según relató, el pan sigue siendo el producto central, pero el resto de la oferta prácticamente desapareció.
“Nosotros siempre ponemos el foco en el pan porque es algo simbólico. El argentino se puede prohibir muchas cosas, pero un pan con mate cocido engaña el estómago en cualquier almuerzo o cena”, afirmó.
Sin embargo, la pastelería y los productos elaborados quedaron relegados. “Hoy lo que se vende es lo básico: pan, alguna factura, galletitas o bizcochos. Todo lo demás prácticamente desapareció”, describió.
Ante esta situación, muchas panaderías cambiaron su forma de trabajar y dejaron de producir productos elaborados para stock. “Ahora hacemos todo por encargo. Tortas, sándwiches de miga o productos especiales ya no se hacen para tener en la heladera porque no se venden”, contó.
Para ilustrar la situación, relató una experiencia reciente: “Tuve una torta siete días en la heladera y nadie preguntó por ella. La tuve que sacar y regalar. Eso te muestra que el poder adquisitivo de la gente está por el piso”.

La crisis también golpea a los panaderos
La caída de las ventas se combina con un fuerte aumento de los costos fijos. Pinto explicó que muchas panaderías debieron reducir personal o reorganizarse para poder sostener la actividad.
En su propio caso, detalló que el ajuste fue inevitable. “En 2023 tenía cinco empleados en mi panadería de Merlo. Hoy tengo uno solo, que encima es mi cuñado. Bajé mi producción un 60% y tuve que sacar empleados para poder sostener la pequeña empresa”, contó.
También mencionó el fuerte aumento de alquileres y tarifas. “Antes pagaba entre 500 y 600 mil pesos de alquiler, hoy pago entre 1,6 y 1,8 millones con impuestos. La luz pasó de 58 mil pesos a 1,2 millones, y el gas de 70 mil a 1,5 millones”, enumeró.
“Lo más difícil es que todo eso lo pagamos trabajando un 60% menos que antes. Si estuviera vendiendo el doble, uno paga contento, pero hoy la producción cayó muchísimo”, agregó.

“Es algo histórico”
El dirigente panadero aseguró que incluso los referentes históricos del sector coinciden en que la situación actual no tiene antecedentes.
“Dentro de nuestra comisión hay gente grande que vivió la dictadura, el 2001, la pandemia. Les preguntamos cuándo pasó algo así y todos nos dicen lo mismo: jamás pasó esto”, afirmó.
“En 2001 cerraron dos o tres panaderías. En la pandemia no cerró ninguna porque éramos esenciales y nos reinventamos con delivery. Pero lo que estamos viviendo ahora es histórico”, agregó.
En ese sentido, también señaló el impacto humano detrás de los cierres. “Hay colegas que vienen y te dicen que su bisabuelo llegó escapando de la guerra en Europa, abrió una panadería, se crió su abuelo, su papá, él mismo y ahora le toca cerrarla. Eso es durísimo”, relató.
Panaderías de barrio vs. cadenas
Por último, Pinto marcó diferencias entre las panaderías tradicionales y algunas cadenas comerciales que funcionan con otra estructura.
“Las cadenas tienen otra espalda económica. Compran grandes volúmenes de harina y tienen maquinaria que automatiza casi todo. Nosotros trabajamos de manera artesanal, todo a mano”, explicó.
Y concluyó: “Una panadería de barrio compra lo justo para trabajar el día. No puede competir con esas estructuras. Por eso el golpe lo sentimos mucho más”.
En medio de ese escenario, el dirigente advirtió que el futuro del sector dependerá de una recuperación del consumo. “Si no come pan la gente, la verdad es que estamos complicados”, resumió.
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