"El Estado puede ser ausente por vocación en Milei o por ideología en Kicillof", sostuvo el analista Federico González
Tras la publicación de su ensayo "La Libertad que Mata", el consultor político y precandidato presidencial analiza el fuerte impacto del ajuste nacional, las falencias de la gestión bonaerense y la falta de liderazgos claros en la oposición.
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A partir de los alarmantes datos sobre el incremento de la mortalidad que motivaron su último escrito, el analista Federico González dialogó con LANOTICIA1.COM. Reconocido consultor y estratega político con una extensa trayectoria en la investigación de opinión pública, González lidera actualmente el espacio Desarrollismo Inteligente del Siglo XXI, una corriente desde la cual proyecta su precandidatura presidencial. En su nuevo ensayo, sostiene una tesis tan incómoda como documentada: cuando el Estado abandona a los más frágiles, el ajuste deja de ser economía y se convierte en una falla moral del poder.
En una entrevista sin concesiones, el marplatense desmenuza la realidad de un país atrapado entre el "libertarianismo salvaje" y el "facilismo ideológico", y explica por qué la Argentina necesita con urgencia recuperar un Estado inteligente y estratégico.
— Su nuevo ensayo parte de datos muy crudos sobre el aumento de la mortalidad en el país. ¿Cómo analiza este momento político y social bajo la óptica del ajuste?
Federico González: Estamos viviendo un estancamiento de la política y de las decisiones. El de Javier Milei es un gobierno que ha abdicado de sus responsabilidades más básicas. Un presidente no puede darse el lujo de la irresponsabilidad cuando eso conlleva que la gente se muera. Hay un abandono total en infraestructura, en las rutas y en la salud. El equilibrio fiscal no puede lograrse destruyendo el capital humano de la Nación. No podés festejar el superávit si el costo es un aumento en la mortalidad infantil o en los suicidios de los jóvenes.
— ¿Cómo ve tanto al oficialismo como a la oposición, y a la política en general en este momento de país?
FG: Es un escenario complejo. Por el lado de la oposición, lo que no tiene claro es su ser; convirtió a la indecisión en su estrategia de supervivencia. Y por el lado del oficialismo, yo creo que este es un gobierno que está edificado sobre relaciones tóxicas, y las relaciones tóxicas florecen cuando no hay un liderazgo claro.
— ¿A qué se refiere puntualmente con que está edificado sobre "relaciones tóxicas"? ¿Cómo afecta eso al funcionamiento interno del Gobierno en el día a día?
FG: A que Milei, más allá de lo que muestra hacia afuera como un líder fuerte, hacia el interior es un fracaso en la conducción porque no ordena la tropa; no le interesa la gestión interna ni la negociación política. Entonces, tenés un internismo fagocitante. El "triángulo de hierro" es completamente desarmónico: Santiago Caputo está ahí porque hace su juego y es el protegido del Presidente, pero Karina Milei no se lo banca. Así no se puede gobernar de forma eficiente.
— En ese internismo también entra en juego la corrupción. ¿Qué lectura hace de la permanencia de Manuel Adorni, trazando un paralelismo con lo que fue el escándalo de Martín Insaurralde en la oposición?
FG: Si bien desde el punto de vista de los actos de corrupción son del mismo estilo —primos hermanos diría—, hay una asimetría clave. En el caso de Insaurralde creo que debió haber mucho más dinero en juego, pero es algo que ya pasó y sobre lo cual la Justicia debe seguir actuando. Lo de Adorni, en cambio, es un problema actual, un goteo diario que daña la credibilidad de un gobierno que llegó prometiendo luchar contra la casta.
Es inédito ver a un presidente y a Karina Milei defendiendo a un delincuente dentro de su propio gobierno, bancándolo y diciendo que la culpa es de los periodistas. Los hermanos Milei tienen una lógica simplista de "retroceder nunca, rendirse jamás", porque creen que luego del caso Espert, si entregan a Adorni muestran debilidad. Y lo que sigue a eso es que vayan por ellos. El problema es que al sostenerlo se pegan un tiro en los pies, porque es evidente que Adorni robó, mintió y lo hizo de una manera burda.
— Frente a este panorama del oficialismo, ¿dónde queda parada la oposición mayoritaria?
FG: Tenemos una oposición fragmentada, temerosa y, en algunos casos, culposa. Hay dirigentes que tienen miedo reverencial a Milei y otros, como Sergio Massa, que se mantienen en silencio por un complejo de culpa respecto de su propia gestión y de ser corresponsables de que hoy estemos acá. El peronismo hoy tiene un problema existencial: no se planta con seguridad a delinear una alternativa clara de país ni tiene un mecanismo para dirimir sus liderazgos.
Incluso en la provincia de Buenos Aires vemos internas fuertes con varios nombres que ya se han pronunciado con ganas de ser gobernadores, como Mariel Fernández (Moreno), Jorge Ferraresi (Avellaneda) o Mayra Mendoza (Quilmes).

— Usted también es muy crítico de la gestión bonaerense de Axel Kicillof. ¿Cómo ve la realidad de la Provincia?
FG: En la provincia de Buenos Aires se vive la ideología del facilismo disfrazada de buenas intenciones. Kicillof no se ocupa de la educación ni de la seguridad, no están en su ideario. El estado de las escuelas es deplorable. Se ha destruido el sistema de convivencia: hoy no hay amonestaciones y los chicos tienen que pasar de año igual.
Por eso sostengo que el Estado puede ser ausente por vocación, como Milei, o ausente por ideología, como Kicillof. En el conurbano profundo el Estado no existe de hecho; las familias están a merced del avance del narcomenudeo y la desintegración social. Los docentes y directivos están solos e inermes ante la ley del más fuerte; los directores de escuela hoy se sienten impotentes y amedrentados para dirimir problemas que ya tocan lo delincuencial porque vienen los padres, que muchas veces son los narcos pesados del barrio, a amenazarlos mafiosamente. El Estado los dejó solos.
— Desde su perspectiva desarrollista, suele hacer comparaciones con la Argentina de los años 60 y 70. ¿Qué diferencias estructurales y morales encuentra con la actualidad?
FG: Yo soy marplatense y viví un país productivo que fabricaba aviones, barcos y autos, y que tenía apenas un 3.5% de pobreza. Pero fundamentalmente, era un país con ejemplaridad moral. Figuras como Arturo Frondizi o Arturo Illia eran la antítesis de lo que vemos hoy. Eran personas serias, austeras, que no eran frívolas ni andaban insultando por las redes. Illia fue uno de los políticos más íntegros que tuvimos y se plantó ante las corporaciones cuando tocó el negocio de los medicamentos. Hoy tenemos un presidente que juega al "personaje maldito", insulta y hace bullying. ¿Qué le podemos pedir a los pibes en las escuelas si la máxima autoridad del país da ese ejemplo? Hay una crisis moral profunda en el poder.
— Con este diagnóstico de crisis tanto en el oficialismo como en la oposición tradicional, ¿cree que hay margen para que surjan nuevas alternativas de cara al año electoral?
FG: Las condiciones estructurales están dadas porque la sociedad viene de frustración en frustración. El país se fue degradando económica, social, cultural y hasta existencialmente. Hay un espacio vacío para algo que se diferencie tanto del "estatismo bobo" como del "libertarianismo salvaje". Dentro de las figuras conocidas, Victoria Villarruel o Patricia Bullrich tienen sus propios caudales de votantes y expectativas, pero el futuro siempre está permeable a algo nuevo.
Incluso en los círculos políticos ya se habla de nombres que se barajan como posibles alternativas. En ese grupo estuvo Dante Gebel, que creo que tuvo una entrada poco feliz y ahora se habla mucho menos, pero también suenan desde Jorge Brito impulsado por ciertos sectores económicos, hasta el empresario de medios Daniel Hadad o el economista Carlos Melconian. Cualquiera que se plantee con seriedad y un proyecto claro puede ser competitivo frente a este escenario.
— En ese contexto, usted decidió lanzar su propia precandidatura presidencial desde el espacio Desarrollismo Inteligente. ¿Qué lo llevó a dar ese paso?
FG: Fue una decisión existencial. Como analista uno comenta la realidad, pero no es un actor; es como ver que tu equipo juega mal desde el banco de suplentes y saber que vos podés aportar algo en la cancha. A mí me duele la Argentina, veo una enorme orfandad de ideas y quise comprometerme. Junto a un equipo de colegas, Gustavo Reiga y Lucas Arias, escribimos hace poco el libro “Desarrollo Inteligente en el Siglo XXI”. Desarrollamos un proyecto de país muy elaborado que apunta a un Estado inteligente, de desarrollo, austero y humano. Si los que gobernaron hasta acá nos trajeron a este desastre, los ciudadanos que tenemos una propuesta y nos formamos para esto nos tenemos que animar a participar. Hay que ganarle al miedo y proponer una alternativa real de desarrollo.
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