¿Puede haber terremotos en la costa bonaerense? La explicación de un experto tras el sismo frente a Mar del Plata
LANOTICIA1.COM conversó con el geólogo Enrique Hopman tras el temblor de magnitud 4.9 que se registró frente a la costa bonaerense. Explicó por qué estos eventos son poco frecuentes, qué diferencia hay con la actividad cordillerana y por qué no hubo riesgo real de tsunami.
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El sismo de magnitud 4.9 que se registró este jueves a la mañana en el Mar Argentino, a unos 200 kilómetros al sudeste de Mar del Plata y frente a la zona de Miramar, volvió a poner en agenda una pregunta que cada tanto aparece en la provincia de Buenos Aires: ¿puede temblar la tierra en una región considerada de baja actividad sísmica?
Para entender qué pasó, LANOTICIA1.COM dialogó con el licenciado en Geología Enrique Hopman, profesor jubilado de la UNLP, especialista en hidrogeología ambiental y minería, quien fue claro: se trata de un fenómeno poco frecuente, pero no imposible.
Hopman explicó que, históricamente, en los últimos 150 a 180 años casi no hay registros de sismos en toda la franja litoral argentina. Recordó el movimiento de 1888 en el fondo del Río de la Plata, que se sintió en Buenos Aires y Montevideo, y otro en 1948 en el norte de Entre Ríos. “Después prácticamente no hubo registros durante décadas”, señaló.
Sin embargo, en los últimos 10 a 15 años comenzaron a detectarse eventos en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, como Guaminí, Trenque Lauquen y Esteban Echeverría. Para el geólogo, esto no necesariamente implica que haya más actividad, sino que hoy existe una red de sismógrafos más amplia y precisa que permite registrar movimientos que antes pasaban inadvertidos.
Sobre el origen del temblor frente a la costa, Hopman explicó que no tiene relación con el choque de placas como ocurre en la zona cordillerana. Allí, la placa de Nazca impacta contra la Sudamericana y genera terremotos frecuentes y de gran energía. En cambio, en la provincia de Buenos Aires y en el Mar Argentino se trata de otra dinámica.

“El mar argentino es una prolongación del continente sudamericano. Es plataforma continental, es decir, continente sumergido”, detalló. Según indicó, el basamento cristalino que sostiene esta parte del territorio está fracturado en bloques que, cada tanto, se reacomodan. Esa liberación de energía es la que genera estos sismos leves o moderados.
En el caso del evento de este jueves, el epicentro se ubicó en el fondo del mar, pero el hipocentro —el punto real donde se libera la energía— estaría a mayor profundidad dentro de la corteza terrestre. Todavía no hay una determinación definitiva sobre si ocurrió a 20, 21 o 30 kilómetros bajo el lecho marino, un dato que influye en el cálculo final de la energía liberada.
Hopman remarcó que, por su magnitud y características, el movimiento no era suficiente para generar un tsunami. “Puede haber alguna variación menor en el oleaje, pero no están dadas las condiciones para un maremoto”, sostuvo. De todos modos, aclaró que siempre existe la posibilidad de réplicas, aunque no pueden predecirse.

El especialista también hizo referencia a la particularidad geológica de la región. Explicó que el sistema de sierras de Tandilia —una de las formaciones más antiguas del país, con más de 2.000 millones de años— se prolonga bajo la costa y el mar, y presenta fallas geológicas. Si bien no son estructuras activas como las de la cordillera, pueden generar movimientos esporádicos.
Respecto al antecedente reciente de las olas intensas registradas en enero en la costa bonaerense, Hopman fue enfático en separar los fenómenos. Aquel episodio fue catalogado como meteotsunami, un evento de origen atmosférico vinculado a cambios bruscos de presión, sudestadas y condiciones climáticas particulares. “No tiene nada que ver con este sismo”, subrayó.
Según explicó, los meteotsunamis se registran cada 30 o 40 años en la región y dependen de condiciones meteorológicas específicas. En cambio, los terremotos en esta zona son aún más infrecuentes: en más de 150 años no había antecedentes similares frente a la costa de Mar del Plata.
Para Hopman, lo ocurrido este jueves suma un nuevo dato a la estadística geológica de la provincia. “Ningún lugar del planeta está completamente exento de movimientos de acomodación de la corteza terrestre”, señaló. Aunque la provincia de Buenos Aires no forma parte de los grandes cinturones sísmicos, la posibilidad de eventos aislados existe.
El mensaje final es de cautela, pero sin alarmismo. Se trata de fenómenos poco frecuentes, de baja energía comparados con los de la región andina y, por ahora, sin evidencia de que estén aumentando en intensidad o frecuencia. La geología, advierte el especialista, siempre está en movimiento, incluso en territorios donde la tierra parece, casi siempre, inmóvil.
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