Quién es Franco Zapiola, el pibe de Magdalena que brilló en Brasil y metió a Platense en octavos de la Libertadores
El futbolista bonaerense marcó los dos goles con los que el “Calamar” venció a Corinthians y metió al equipo de Vicente López entre los 16 mejores del continente. Detrás de esa noche consagratoria en el Neo Química Arena hay un recorrido de sacrificio, viajes interminables y un sueño que comenzó en Estudiantes de La Plata y hoy lo encuentra en lo más alto del fútbol sudamericano.
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Platense vivió una noche inolvidable en Brasil y tuvo a un bonaerense como gran protagonista. Franco Zapiola, nacido en Magdalena, marcó los dos goles con los que el “Calamar” derrotó a Corinthians y se metió entre los 16 mejores equipos de América.
No fue una noche más. Fue una de esas que quedan guardadas para siempre. Y detrás de esa actuación, hay una historia que empezó mucho antes, lejos de los estadios grandes, en una ciudad del interior bonaerense, entre viajes eternos, sacrificios familiares y un sueño que parecía lejano.
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Orígenes en Magdalena y el sueño de La Plata
Franco Zapiola nació el 19 de febrero de 2001 en Magdalena, una ciudad bonaerense ubicada a unos 100 kilómetros de La Plata. Allí dio sus primeros pasos en el fútbol en clubes locales y en la liga barrial, donde empezó a destacarse desde chico.
El fútbol, en su caso, no fue casualidad. Viene de familia. Su padre, Héctor Edgardo Zapiola, también fue futbolista y tuvo paso por Estudiantes de La Plata. Ese vínculo fue la puerta de entrada a un camino donde nada fue sencillo.

Viajes, esfuerzo y una infancia en la ruta
En una entrevista publicada por el diario platense El Día en 2022, Zapiola abrió una ventana a su historia más íntima. No la del jugador profesional, sino la del chico que todos los días se subía a un auto para perseguir un sueño.
“Cuando empecé me traía él a entrenar al Country. Era muy cansador. Ahora que manejo me doy cuenta y lo valoro el doble. El esfuerzo que hicieron mis viejos para que pudiera jugar al fútbol no tiene nombre”, contó sobre aquellos viajes interminables desde Magdalena hasta el predio de City Bell.
Eran rutinas largas, pesadas y repetidas: escuela, bolso, ruta y entrenamiento. Días que empezaban temprano y terminaban tarde, con kilómetros encima y la ilusión como único motor.
En esos trayectos no estaba solo. Compartía camino con otros chicos de la zona, entre ellos Matías Pellegrini, en una generación de pibes del interior que viajaban cada día a La Plata con el mismo objetivo: llegar.
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El sacrificio invisible
El camino en inferiores no fue sencillo. Zapiola atravesó etapas de adaptación donde el físico no siempre acompañaba y el margen de error era mínimo. Hubo dudas, espera y mucho trabajo silencioso, de esos procesos que no se ven pero que marcan el carácter.
Con el tiempo entendió que el sueño también exigía decisiones fuertes: dejar la comodidad de su casa y apostar todo a una vida nueva.

La Plata, la distancia y una familia adoptiva
El salto llegó cuando dejó de viajar todos los días desde Magdalena y se instaló en La Plata para enfocarse de lleno en su formación.
En ese nuevo mundo apareció un sostén clave: la familia de Santiago Ascacíbar, ex jugador de Estudiantes de La Plata, actualmente en Boca Juniors. Con ellos vivió durante un tiempo y allí encontró contención, rutina y una especie de hogar prestado en medio de la exigencia del fútbol profesional.
“Me contuvieron como si fuesen mi familia”, recordó Zapiola sobre ese período en el que el sueño todavía estaba en construcción.

Debut y crecimiento en Estudiantes
Zapiola debutó en Primera División con Estudiantes en 2021 y, con el tiempo, fue sumando minutos y experiencia en el fútbol profesional dentro de un plantel altamente competitivo.
Durante su paso por el “Pincha” formó parte de equipos que dejaron una huella importante en la historia reciente del club. Integró el plantel que conquistó la Copa Argentina 2023 y la Copa de la Liga Profesional 2024, dos títulos que marcaron una etapa de crecimiento colectivo en Estudiantes.
En ese contexto, fue consolidándose como una alternativa constante dentro del equipo, ganando rodaje en competencias locales e internacionales y afianzando su perfil como mediocampista ofensivo.

El salto a Platense y la consolidación
En julio de 2024 llegó a Platense en una transferencia definitiva: el club de Vicente López compró el 50% de su pase y le firmó contrato hasta diciembre de 2027.
Su llegada coincidió con un proceso que terminó siendo histórico. En su etapa inicial fue dirigido por la dupla Favio Orsi y Sergio Gómez, con quienes el club consiguió el título del Torneo Apertura 2025, el primero en la historia de la institución.
Uno de los momentos que lo marcó en ese recorrido fue el gol ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, clave para llevar a Platense a aquella final inolvidable en Santiago del Estero.
Actualmente, el equipo es conducido por Walter Zunino, quien continúa el proyecto deportivo del club de Vicente López.
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El orgullo de Magdalena
El impacto de sus actuaciones también se refleja en su ciudad natal. El 26 de mayo de 2025, un medio local de su pueblo publicó una nota titulada “Franco Zapiola metió a Platense en la final y llenó de emoción a todo Magdalena”, donde se destacó el orgullo que generó en la comunidad su gol decisivo ante San Lorenzo.
“Para Magdalena valió más que una clasificación. Fue el orgullo de ver a uno de los nuestros brillando en la cancha”, publicó el medio, reflejando cómo el pueblo vivió aquel momento con emoción y sentido de pertenencia.
La publicación también resaltó su recorrido desde el fútbol barrial hasta la élite del fútbol argentino, como símbolo de una comunidad que acompaña y celebra a sus deportistas.
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La noche que marcó la historia
Y entonces llegó el partido que lo cambia todo.
En Brasil, frente a Corinthians y por Copa Libertadores, Franco Zapiola no solo fue figura: fue el mejor jugador de la cancha, el dueño absoluto de la noche. Con dos goles y una actuación de alto nivel en un escenario gigante, firmó el partido más determinante de su carrera y uno de los más importantes en la historia reciente de Platense.
No fue una actuación aislada ni una racha de inspiración. Fue un partido consagratorio. De esos que marcan un antes y un después. En un estadio lleno, ante un rival de jerarquía continental y en una competencia donde cada error se paga caro, Zapiola respondió con personalidad, jerarquía y gol.
Este año, además, lleva sobre su espalda un símbolo que pesa: la camiseta número 10. Un número cargado de historia, de responsabilidad y de expectativa, que en Platense lo colocó definitivamente en otro rol dentro del equipo. Y en Brasil, ese rol dejó de ser promesa para convertirse en realidad.
Cada pelota que tocó en la noche de San Pablo tuvo sentido. Cada aparición fue determinante. Y cada gol terminó de construir una actuación que lo instaló, sin discusión, como el nombre propio del partido en el Neo Química Arena, ante un escenario repleto y con figuras internacionales como el neerlandés Memphis Depay y el inglés Jesse Lingard, dos futbolistas de recorrido en la élite del fútbol europeo.
En Magdalena, mientras tanto, la historia se vive de otra manera. No se mide en estadísticas ni en análisis tácticos. Se mide en orgullo. En familia. En vecinos. En un chico del pueblo que salió a la ruta hace años con una pelota y hoy volvió convertido en protagonista de una noche copera inolvidable.
Porque hay partidos que se juegan. Y hay partidos que cambian la vida. Este fue de los segundos.
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