Violencia escolar: "Se construyó una identidad orgullosamente marginal donde el ídolo es el transa", analizó Finocchiaro
En diálogo exclusivo con LANOTICIA1.COM, el diputado nacional y exministro de Educación analizó la ola de agresiones en las aulas bonaerenses, cargó contra SUTEBA por "controlar el Ministerio" y exigió un cambio rotundo de modelo pedagógico: "En la Provincia están obstinados en persistir en el error".
:format(webp):quality(75)/https://lanoticia1cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/violencia_escolar_se_construyo_una_identidad_orgullosamente_marginal_donde_el_idolo_es_el_transa_analizo_finocchiaro.webp)
La violencia que atraviesa a las comunidades educativas bonaerenses volvió a encender las alarmas durante las últimas semanas. En septiembre, se registraron agresiones contra docentes y directivos en San Miguel, Hurlingham, Almirante Brown, Florencio Varela, Ensenada y Trenque Lauquen, entre otros distritos. Los episodios incluyeron golpes, amenazas y ataques contra trabajadores de la educación, tanto dentro de establecimientos como fuera de ellos. La sucesión de casos llevó a los gremios docentes opositores a SUTEBA a convocar un paro provincial el 1 de octubre para reclamar medidas de prevención y protección.
En Trenque Lauquen, la directora de un jardín de infantes sufrió una fractura de muñeca tras ser atacada por el padre de un alumno, que la siguió y la golpeó cuando se encontraba fuera de la institución. En otros distritos, las agresiones ocurrieron dentro de las escuelas: en San Miguel, una madre atacó a una docente; en Hurlingham, familiares de alumnos agredieron a una directora y persiguieron a una maestra; y en Almirante Brown, un maestro fue golpeado frente a sus estudiantes. En Florencio Varela, una docente fue agredida y amenazada de muerte.
A estos hechos se sumaron situaciones de amenazas y preocupación por la seguridad de los alumnos. En La Plata, familias de una escuela de Los Hornos reclamaron medidas ante episodios de peleas, destrozos y amenazas, además de advertir sobre la presunta presencia de armas. En Ituzaingó, una amenaza de tiroteo motivó medidas preventivas. Ya en octubre, dos casos volvieron a poner el tema en primer plano: un estudiante de 18 años recibió disparos de un compañero de 17 en una escuela de González Catán, partido de La Matanza, y en Carmen de Patagones encontraron una pistola en la mochila de un alumno de 13 años.
Aunque se trata de situaciones diferentes, la sucesión de episodios reabrió el debate sobre la convivencia escolar, la autoridad de los docentes y las herramientas con las que cuentan las instituciones para prevenir la violencia.
En ese contexto, LANOTICIA1.COM entrevistó a Alejandro Finocchiaro, exdirector general de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, exministro de Educación de la Nación y actual diputado nacional del PRO, para conocer su diagnóstico sobre lo que ocurre en las escuelas y las respuestas que considera necesarias.
:format(webp):quality(60)/https://lanoticia1cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/finocchiaro_1.webp)
—Frente a la escalada de violencia, ataques de padres a docentes y la impotencia de los directivos, ¿cómo analiza la situación actual de las escuelas bonaerenses?
—Creo, en primer lugar, que es un problema de vieja data. Esa maestra respetada que podía entrar en cualquier contexto o ámbito, inclusive en barrios de emergencia o villas miseria, y que era "la maestra", no existe más hace mucho tiempo. Esa concepción es romántica y pertenece a los que tenemos cierta edad que sí lo hemos visto.
Por supuesto que cuando estas cosas pasan en una escuela —como lo de González Catán o peleas donde le rompen la cabeza a un chico— la noticia tiene un gran poder de expansión. Pero no escapa a la violencia que existe en la sociedad, producto de la ruptura del tejido social.
En lugares muy humildes de nuestra provincia se ha construido algo relativamente nuevo, de los últimos diez o quince años, que es la identidad orgullosamente marginal. Hay cantantes, letras de canciones e íconos a admirar que son tremendos porque incitan a la delincuencia y a permanecer en ese lugar.
Antes, cuando una familia caía en la pobreza, no estaba orgullosa de eso. Papá y mamá trabajaban tremendamente y el día que podían mudarse a la pensión de enfrente, esos seis metros simbólicamente eran toda una vida porque habían salido de ahí. El otro día escuchaba la letra de una canción de La Joaqui y todo el tema es una apología del delito que hemos naturalizado. Hoy, ante una sociedad anómica, el pibe ve que el transa tiene la moto enorme, anda armado y la policía le tiene miedo o lo mete en cana y al otro día sale. El ídolo de ese chico pasa a ser el transa.
—¿Sirven las sanciones disciplinarias tradicionales frente a este panorama?
—La cuestión no pasa por las amonestaciones. La amonestación o la expulsión le importa un bledo a un chico; si lo echan, lo sacan a la calle. Tampoco pasa por censurar esta música, porque cuando censurás hacés que vaya por canales subterráneos, que es como nació.
Hasta hace algunas décadas, la educación te daba un horizonte: terminar la primaria, ser mecánico, carpintero, tornero, o seguir la escuela media o la universidad y construir tu vida en base a eso. Ahora, cuando esos chicos miran, en vez de un horizonte tienen una pared altísima. Si el pibe encuentra una zona de confort en la delincuencia, ¿para qué va a estudiar o trabajar?
—Frente a estas fallas de fondo que señala, ¿de qué manera considera que se puede revertir la falta de aprendizaje en las escuelas?
—En la educación obligatoria hay dos pilares fundamentales que se deben encarar. Por un lado, alfabetizar volviendo al método fonético tradicional, el clásico "m con a, ma". Hay que terminar con los métodos que ha ensayado CTERA en los últimos veinte años con la psicogénesis, donde supuestamente el chico descubre por sí mismo la ortografía y se sostiene que no hay que estigmatizarlo ni corregirlo si se equivoca. Si vas al colegio es justamente para que te corrijan, por lo que resulta imprescindible recuperar el dictado y la lectura en voz alta. Por otro lado, está la enseñanza firme de la Matemática.
La situación es gravísima porque estamos alfabetizando dentro de la escuela a chicos de sexto grado. Si un alumno no puede comprender un texto sencillo, tampoco va a poder entender ni resolver el planteo de un problema matemático. Mientras nosotros discutimos estas cuestiones básicas, en el resto del mundo y en países vecinos como Uruguay, Chile o Paraguay ya se está hablando de cómo evaluar a los estudiantes utilizando Inteligencia Artificial.
—¿Ve en el gobierno provincial y en las autoridades educativas la vocación de cambiar este rumbo?
—No, ellos son los ideólogos de la psicogénesis. Las gestiones del oficialismo están alineadas con la psicogénesis y por eso tenés pibes que terminan la primaria sin saber leer ni escribir. Los veo haciendo todo lo contrario y absolutamente obstinados.
Tomás de Aquino decía que equivocarse es humano, pero persistir en el error es diabólico. Si probaste un camino varias veces y salió mal, tenés que cambiar la estrategia para lograr que salga bien.
:format(webp):quality(60)/https://lanoticia1cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/alejandro_finocchiaro.webp)
—¿Qué rol juegan los gremios como SUTEBA en este escenario? ¿Por qué durante la gestión de Vidal hacían paros y ahora ninguno?
—Hoy no hay paros de SUTEBA porque son socios del Gobierno Provincial, forman parte de la misma gestión y además controlan el Ministerio de Educación bonaerense. SUTEBA controla el Ministerio. Tanto la conducción gremial como las autoridades del área están alineadas con esta misma visión pedagógica que ha llevado al fracaso.
—Por último, ¿cómo se motiva al docente que, en definitiva, es quien está frente al aula en escuelas con contextos tan complejos?
—Al docente hay que llegarle por dos aspectos clave.
Por un lado, con una jerarquización simbólica que vuelva a posicionar al alumno como el eje de todo desvelo y al docente como el motor del sistema. Para esto hay que revisar los institutos de formación docente, que hoy están copados por CTERA y en su mayoría no son buenos, de modo que podamos volver a ser exigentes y formar excelentes maestros. Ante la duda, el docente siempre tiene que tener la razón.
Por otro lado, mediante una jerarquización salarial apoyada en incentivos horizontales. Esto requiere revisar los estatutos, controlar las licencias y separar la carrera docente de aula de la carrera administrativa, evitando que un maestro solo gane más plata por antigüedad o por pasar a ser director cuando no tiene vocación de gestión. Asimismo, hay que implementar incentivos por capacitación: si tenés un título universitario, una diplomatura, una maestría o un doctorado, tenés que cobrar un porcentaje más sobre el básico. Cuando propuse esto en la paritaria provincial, SUTEBA me cuestionó diciendo que parecía un 'incentivo de una empresa privada', a lo que les respondí que en la universidad pública también se paga un plus por posgrado. Hay que premiar al docente que se perfecciona y elige seguir enseñando dentro del aula.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión