El drama de llevar un negocio con inflación: Cómo hacen los comerciantes en la Zona Norte del Conurbano
Por el salto del dólar y la suba en los proveedores, los negocios de barrio se ven obligados a remarcar precios. Los comerciantes advierten que se derrumbaron las ventas y sufren con la mercadería que se vence o se deteriora. Muchos deben hacen "malabares" para llegar a fin de mes. Y otros hasta evalúan cerrar. “Antes me alcanzaba para vivir bien y hoy ya cuesta cubrir los gastos fijos del local”, contaron a LaNoticia1.com.
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La corrida cambiaria de semanas pasadas tuvo su impacto en la inflación y la remarcación de precios de los productos de la canasta de alimentos. En la provincia de Buenos Aires y mayormente en los comercios de proximidad, pequeños almacenes, despensas y kioscos, las listas de precios de los proveedores se modificaron hasta dos veces por semana, con variaciones muy dispares respecto del producto.
En la zona norte del conurbano bonaerense, miles de comerciantes se la rebuscan día tras día para reinventarse ante la precipitada caída de las ventas y la interminable suba de precios en las distribuidoras. LaNoticia1.com dialogó con distintos vendedores de negocios de barrio que relataron en primera persona el drama que atraviesan en medio de la delicada situación económica y la incertidumbre de cara al futuro.
“Las ventas cayeron bastante. La gente se fija mucho en los pesos que ya no valen. Por ejemplo: 10, 20 o 50 pesos ya son centavos con los que solamente se compran caramelos”, explicó Luciano, que es dueño de un kiosco en el barrio de Olivos, ubicado a metros de la autopista Panamericana. “Hay muchos productos que la gente ya dejó de comprar. Y al no tener tantas ventas, hay mercadería que se vence y se deteriora”, indicó.

“Para nosotros los kioskeros, todo aumenta, todo el tiempo. Por ejemplo, para un pancho tengo que ver los costos del pan, de la salchicha, de las papitas, de los condimentos, más la luz. Son componentes que aumentan todas las semanas. A todo eso sumale nuestro trabajo. Hoy un pancho cuesta 350 pesos pero quizás la semana próxima ya aumente a 400. Y así todo el tiempo”, graficó Luciano desde Vicente López.
“Mi rubro está bastante surtido y por suerte cuando un día no vendo algo, sale otro producto. Y así la vas llevando. Hoy, la Coca Cola es la bebida que más se vende, acompañada de los jugos sin gas. Hay productos que todavía tienen salida pero en general, este negocio es para renegar mucho, tanto con los costos como con los gastos. No hay ventas y lo que es peor, la gente no tiene para gastar”, añadió.

De acuerdo a lo que señaló este kioskero, para poder sostener el negocio “hay que tener mucha cintura con las compras”: “Hay veces que vendo uno o dos sándwiches y unos cinco panchos en un día. Otros días puede ser que se levante un poquito. Pero en líneas generales, es muy poquito. Los clientes están gastando lo menos posible y al tener local, es más la mercadería que tirás o se vence que la que vendes”.
Pero la escalada inflacionaria no es el único obstáculo que deben sortear los comerciantes. Los aumentos de los alquileres en los locales son otro duro golpe al que deben ponerle el cuerpo. “Desde este mes de mayo el alquiler se me fue un 30% más caro que el mes pasado y los aumentos en los servicios también se están notando”, añadió Luciano, quien por último, resumió que mantener el negocio “ya no está sirviendo tanto”.
Alejandro, que atiende una librería cercana a la estación de San Fernando, alertó que la situación que atraviesa es “complicada”, especialmente por los gastos del negocio y la disminución de ventas en un 40%. En ese contexto, reveló que hasta evalúa cerrar su local a raíz de los constantes problemas con los proveedores. Y si bien admitió que no arrastra deudas, advirtió que la rentabilidad del negocio “es baja y no alcanza para vivir”.

“La situación es sumamente complicada. Por suerte yo no pago alquiler y es un peso bastante importante que no debo afrontar. Sin embargo, los gastos para mantener el negocio son innumerables y cada vez se hace más difícil seguir trabajando. Hasta hace un tiempo atrás era rentable, podía vivir medianamente bien. Pero ahora directamente ya es complicado alcanzar a recaudar solamente los gastos fijos del mes”, expresó.
Y detalló: “En la semana de la corrida del dólar, varios proveedores me empezaron a enviar mensajes sobre el tema de que no había precio y que no se sabía a cuánto me iban a entregar la mercadería. Así que me estuve planteando la posibilidad de cerrar por unos días para no perder el capital. Finalmente no lo terminé haciendo porque con el correr de los días la situación se fue calmando. Pero esto es algo que viene de hace rato”.

En diálogo con este medio, Alejandro confesó que teme que llegue el día en que no pueda hacerle frente a la crisis. “Hace mucho tiempo que esto viene complicado. Pero esto último fue como un golpe más violento. Los gastos se están cubriendo y por suerte no estoy endeudado. Pero las ventas cayeron un 40% en comparación a lo que vendía antes. Y la rentabilidad del negocio está por el piso, ya no alcanza”, resumió.
Por último, en otro municipio vecino, San Isidro, encontramos a Brian atendiendo un maxikiosco en el barrio de Martínez. Ante los micrófonos de LaNoticia1.com, este joven trabajador relató que los aumentos de precios por parte de los proveedores son “constantes”. “A cada rato estamos viendo el costo de los distintos productos porque ya no sabemos a qué precio pueden llegar a venir con el próximo pedido”, remarcó.
El encargado del local, situado en uno de los barrios sanisidrenses más tradicionales, expuso el dilema sistemático generado a partir de la escalada inflacionaria. “Cada vez que sufrimos aumentos tenemos que remarcar los precios y eso causa una baja en las ventas. Es algo cíclico. Hay mucha gente que no está comprando y es entendible: Un día compran algo a tal precio y al otro día eso mismo está un 10 o 15 por ciento más caro”, cerró.
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