Jugó la Libertadores con Estudiantes, perdió un ojo y ahora vende viandas para mantener a sus hijos: "Lucho por ellos"
Matías Rosso fue clave en el ascenso de Chacarita en 2014 y llegó a Estudiantes de La Plata, donde disputó la Copa Libertadores. Tras quedarse sin trabajo por un problema de salud, hoy vende comida en bicicleta en Rosario para sostener a su familia.
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Matías Rosso supo jugar en algunos de los escenarios más importantes del fútbol argentino. Fue protagonista del ascenso de Chacarita a la B Nacional en 2014, pasó por Estudiantes de La Plata y disputó algunos minutos de la Copa Libertadores. Hoy atraviesa una difícil situación económica y de salud: tiene retinopatía diabética y salió a vender viandas para mantener a sus dos hijos.
En una entrevista con Infobae, publicada este lunes 19 de octubre por el periodista Roi Tamagni, el exfutbolista contó cómo cambió su vida después de quedar fuera del fútbol profesional y enfrentar las complicaciones derivadas de la diabetes.

La historia se conoció a partir de una publicación en redes sociales en la que Rosso contó que estaba perdiendo la visión del ojo izquierdo y que, tras quedarse sin trabajo, comenzaría a vender sándwiches en bicicleta por el centro de Rosario.
“Estoy lamentablemente perdiendo la visión del ojo izquierdo, tengo retinopatía por la diabetes y una trombosis en el ojo”, escribió. Y agregó: “Tengo dos hijos hermosos por los cuales no voy a bajar los brazos nunca”.
Según relató a Infobae, su problema de salud le impidió continuar en su último empleo, que requería manejar un vehículo. Sin obra social activa y a la espera de nuevos estudios médicos, encontró en la venta de comida una forma de generar ingresos: cocina viandas, las ofrece por WhatsApp e Instagram y las entrega en bicicleta.
Del sueño de la Libertadores a empezar de nuevo
Rosso llegó a Estudiantes en 2015 junto con el arquero Agustín Rossi, luego de destacarse en Chacarita. También tuvo pasos por Aldosivi de Mar del Plata, Estudiantes de Buenos Aires y Gimnasia y Tiro de Salta. Una fractura de tobillo y la pandemia terminaron alejándolo del fútbol profesional.

En los últimos años trabajó como cajero en un comercio de Rosario, hasta que su situación laboral y de salud volvió a complicarse. Ahora, la repercusión de su historia en redes sociales le abrió una nueva posibilidad: según contó en la entrevista, le ofrecieron una beca para realizar el curso de director técnico, una formación que deseaba hacer desde hacía tiempo.

Pese a las dificultades, el exjugador mantiene la voluntad de salir adelante. “Tengo mis dos hijos que están todo el tiempo ‘papi dale, papi metele’. Yo creo que sigo dando pelea por ellos”, expresó.
La historia de Rosso refleja las dificultades que pueden enfrentar los futbolistas cuando deben reconstruir su vida laboral lejos de las canchas. Hoy, su prioridad es afrontar los problemas de salud y sostener a su familia.
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