Mónica Macha: "Cristina sigue siendo una conductora intocable y estamos trabajando para que pueda recuperar la libertad"
En una extensa entrevista con LANOTICIA1.COM, la senadora bonaerense de UxP analiza la situación política y social del país, la gestión de Milei y los desafíos en la Provincia. Además advierte sobre el futuro del peronismo y el rol de Cristina Kirchner: "La elección del próximo candidato del PJ es una discusión que está en curso y requiere tiempo".
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Con críticas duras al gobierno de Javier Milei y fuertes definiciones sobre el presente del peronismo, la senadora bonaerense de Unión por la Patria, Mónica Macha, no esquiva ningún tema. “Milei es un tipo que trae la crueldad como método de gestión”, dispara. Desde el impacto de la crisis en la vida cotidiana hasta la feroz interna en Morón —donde califica como “insólita” la decisión del intendente Lucas Ghi de romper su propio bloque— y respalda a su compañero de vida y referente político, Martín Sabbatella, la dirigente traza un diagnóstico preocupante del país. Psicóloga y especialista en salud pública, también defiende el liderazgo de Cristina Kirchner —“sigue siendo una conductora intocable y estamos trabajando para que pueda recuperar la libertad”— y advierte que “el candidato peronista de 2027 no está definido, es una discusión que requiere tiempo”. En diálogo con LANOTICIA1.COM, además, reivindica el rol de los medios en democracia y reconoce: “La batalla por evitar monopolios y garantizar la pluralidad la perdimos”.
—Mónica, para empezar, ¿cómo definirías el momento que atraviesa hoy el país?
Creo que estamos en un momento muy complejo y difícil. La presidencia de Milei ha profundizado un empobrecimiento que afecta a todos los sectores, aunque de manera distinta. Más allá de los debates sobre la pobreza o los datos del INDEC, en los territorios se siente cómo las familias deben cambiar su alimentación, enfrentar dificultades para pagar el alquiler y ver limitados sus proyectos de vida.
A esto se suma la caída de puestos de trabajo, el cierre de PyMEs y comercios, que agravan la situación día a día. Además, aunque la crueldad y la falta de cuidado social no son invento de Milei, su gestión exacerba estos problemas. Es un tipo que trae la crueldad como método de gestión. El maltrato, la burla y el bullying desde los lugares de poder terminan repercutiendo en la convivencia cotidiana y generando un daño profundo.
Estamos en un momento muy difícil también por la violencia y los conflictos globales; nada de esto ocurre en una isla. Episodios como lo sucedido en la escuela de Santa Fe muestran hasta qué punto la crueldad, cuando se naturaliza, puede tener consecuencias graves.
—Desde tu formación como psicóloga y especialista en salud pública, ¿cómo impacta este contexto en la vida cotidiana de la gente?
Parte de lo que necesitamos pensar para un próximo gobierno es una mirada seria sobre la violencia de género, una violencia enquistada en los vínculos. Antes habíamos logrado visualizarla y generar acciones, pero este gobierno las desarmó todas. Esto provoca aumento de femicidios y situaciones de violencia que muchas veces no se denuncian porque no hay alternativa.
El tema de salud mental también es clave. El padecimiento en la población es muy alto y requiere una política seria, con inversión real y formación de personal capacitado. La ley de salud mental plantea que el 10% del presupuesto de salud debe ir a este área, y eso es lo que necesitamos: cuidar y acompañar a cada persona desde una perspectiva de cuidado. No es imposible; solo hace falta voluntad y recursos.
—¿Y cómo se refleja la situación nacional en la Provincia de Buenos Aires?
En la Provincia de Buenos Aires, la diferencia clave es que desde la gobernación de Axel Kicillof se intenta mantener un Estado presente, con políticas públicas que sostienen la industria, la educación y la salud. Sin embargo, todo se complica porque la Nación no envía los fondos que debería, lo que hace que la crisis económica y social se sienta más fuerte en los territorios.
Hoy la gente necesita más presencia del Estado, no menos. Cuando el acceso a alimentos o a medicamentos se reduce, el Estado provincial tiene que responder y cubrir esos vacíos. Esto recarga económicamente al gobierno provincial, que busca sostener tratamientos oncológicos y de enfermedades crónicas, a pesar de que los presupuestos no se ajustan al nivel de empobrecimiento que afecta a la población. En definitiva, se hace todo lo posible, pero en un contexto muy difícil.
—Desde tu lugar en el Senado, ¿con qué herramientas contás para acompañar a los bonaerenses en este contexto?
Como espacio legislativo, nuestra principal herramienta es dar visibilidad a los problemas que se viven en cada territorio y acompañar a los vecinos y trabajadoras y trabajadores en sus luchas cotidianas. No podemos resolver la situación económica directamente, pero sí generar acciones políticas, presencia y apoyo institucional.
Gran parte depende de los presupuestos disponibles, pero también hay otras formas de actuar: articulación, eficacia y visibilidad. Por ejemplo, trabajamos en conjunto con organizaciones y sindicatos, como FATE, para acompañar a las fábricas y empresas en crisis.
Además, tenemos una preocupación especial por las adolescencias y la niñez, que en este contexto están muy vulnerables. Es fundamental que las políticas provinciales se articulen de manera integral para garantizar un cuidado comunitario y social, algo que hoy está presente, pero todavía frágil.
—Estuviste en el Congreso ocho años. ¿Cómo analizás los escándalos que se ven últimamente en la Cámara de Diputados?
Lo que vemos en la Cámara refleja una degradación social que se traslada a la política. La llegada de La Libertad Avanza, con figuras como Javier Milei y Victoria Villarruel, exacerbó este proceso. Se trata de un espacio que se monta sobre la destrucción del Estado y la antipolítica, aunque sus integrantes sean políticos y participen de elecciones.
Antes, incluso con debates fuertes y bloques antagónicos, había un marco democrático y códigos claros de convivencia. Ahora, lo insólito se naturaliza, y se rompen los acuerdos sociales y democráticos que sostienen la vida en comunidad. Esto no solo ocurre en la política; tiene un reflejo en la sociedad y muestra cómo se fragiliza la democracia y los derechos que construimos tras la Segunda Guerra Mundial.
Milei es la cara más explícita de esta desigualdad: favorece a ciertos sectores mientras complica la vida de la mayoría. Su gestión no busca transformar, sino romper los códigos que permiten la vida social y los proyectos de vida, debilitando instituciones que sostienen la movilidad social y la convivencia cotidiana. Esto genera un efecto desordenador que llega hasta lo más básico para cada persona.
—Sabemos que conociste a Martín Sabbatella en 1990, durante la marcha contra los indultos a los genocidas. ¿Cómo ves la mirada del gobierno sobre la memoria de la dictadura y Malvinas?
Creo que Milei encarna una postura que va en contra de la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Su discurso, que a veces recurre a la teoría de los dos demonios, minimiza la gravedad de la violencia estatal y debilita políticas de Estado que fueron clave durante los gobiernos de Néstor y Cristina para garantizar justicia.
Esto tiene consecuencias concretas: hay menos financiamiento para la búsqueda de hijos e hijas apropiados, menos impulso político para sostener los juicios, y se abre la puerta a la impunidad, algo que impide que el país pueda crecer y consolidar la seguridad y la convivencia democrática.
Los juicios y la sanción a los responsables son esenciales no solo por justicia, sino también por reconstruir el tejido social que la dictadura destruyó. Negar el terrorismo de Estado o igualar todas las violencias vuelve a poner en riesgo esa reconstrucción y envía un mensaje muy peligroso a la sociedad.
Me parece muy valiosa la insistencia de los hijos de desaparecidos en reclamar una memoria completa: saber qué pasó con sus padres, dónde están sus cuerpos, dónde están los chicos desaparecidos. Esto no es solo historia; es un tema presente, que define cómo entendemos la Argentina hoy y en el futuro.
El testimonio de uno de los hijos en un video del gobierno es un ejemplo impactante: relata cómo un bebé fue dejado por un militar en una casa sin saber su identidad. Esa experiencia muestra la magnitud de la dictadura y también evidencia un adultocentrismo propio del patriarcado: los niños eran tratados como objetos, sin derechos ni voz.
Para nosotros como sociedad, procesar estas historias solo es posible desde la justicia. Sin justicia, no hay manera de tramitar esos traumas ni de construir un presente sólido.

—¿Qué mirada tenés sobre la situación judicial de Cristina y su peso político hoy?
Todas las causas que la acusan son difíciles y muy armadas. Cristina ha planteado la necesidad de un juicio justo, no uno parcial o políticamente condicionado. Lo que se busca, en muchos casos, es sacarla del juego político, cuestionar su conducción y limitar su voz.
Para mí y muchos militantes, Cristina sigue siendo intocable por lo que representa, por sus logros y su mirada sobre la nación y la geopolítica. Me preocupa la especulación y la pérdida de lealtad y convicciones, que reflejan la degradación de códigos y valores que atraviesa la política hoy.
Vemos esto como una condena y persecución judicial injusta, y estamos trabajando para que esta injusticia no pierda visibilidad y, eventualmente, se pueda recuperar la libertad de Cristina. Es un objetivo total.
—Dentro del espacio político, ¿hay autocrítica sobre decisiones pasadas de Cristina, como la elección de Aníbal Fernández, Daniel Scioli (hoy en LLA) o Alberto Fernández para ser candidatos?
Las decisiones de Cristina siempre se tomaron en contextos complejos y heterogéneos, con diferentes sectores dentro del espacio político: kirchnerismo, kicillofismo y Frente Renovador. No siempre pudo actuar solo por lo que hubiera querido, sino buscando generar consenso y mantener la conducción del espacio.
Por ejemplo, con Alberto Fernández, su designación fue una propuesta de consenso que permitió ganar la elección, aunque luego algunas decisiones del gobierno repercutieron políticamente. Con Aníbal Fernández, la campaña sucia hizo que sufriera daños externos que afectaron el resultado, más allá de la voluntad del espacio.
La conducción implica escuchar, evaluar y decidir en medio de tensiones y diferentes intereses. Más que autocrítica individual, lo importante es la reflexión permanente sobre decisiones y estrategias para avanzar en la política y en la gestión, aprendiendo de lo que funcionó y de lo que no.
—De cara al próximo año electoral, ¿cómo creés que se va a reconfigurar el peronismo y cuál será el papel de Cristina?
El desafío ahora es definir candidaturas centrales y estrategias, aunque no creo que eso se resuelva en el corto plazo; es un proceso que todavía está en marcha y se irá profundizando.
A pesar de que hay sectores que buscan debilitar a Cristina, su vigencia sigue siendo enorme, y es mucho más fuerte en el pueblo que entre algunas dirigencias. Su experiencia como presidenta, su presencia en situaciones de crisis y la implementación de políticas como la Asignación Universal destacan su capacidad de gestión y cercanía con la gente.
Por eso, su figura sigue siendo clave para el peronismo, y su liderazgo será un factor central en cualquier reconfiguración del espacio de cara a las elecciones.
—¿Y vos ya definiste quién podría ser la figura que represente esos valores para ser candidato en 2027?
No, eso todavía no está definido. Es una discusión que está en curso y requiere tiempo. Hay distintos procesos e instancias que se están desarrollando, pero todavía no hay un candidato confirmado. Se deberá construir y evaluar quién podrá asumir ese rol.
—En el marco de la interna peronista en Morón entre el intendente y Sabbatella, ¿cómo impacta la decisión de Lucas Ghi de romper con Unión por la Patria, quedándose con la mitad de los concejales que tenía en el HCD?
Para mí, lo que hace Lucas es insólito y desconcertante. Es, quizás, el único intendente del país que, teniendo un bloque mayoritario, lo rompe y se queda con una minoría. Esto no solo resta poder al oficialismo, sino que al fragmentar el bloque fortalece a la oposición, en este caso La Libertad Avanza. Políticamente, no lo entiendo, porque usualmente la ruptura de bloques ocurre en otros distritos cuando la intendencia pertenece a otro espacio, y ahí se puede comprender como una cuestión de identidad o estrategia. Pero en este caso, le quita poder a su propio bloque.
Para mí, lo que hace Lucas Ghi es insólito. Se recuesta en dirigentes peronistas rousselotistas, revive algo que en Morón parecía cerrado hace treinta años, y lo hace sin tener en cuenta lo que votó la gente.
Además, su secretario de Seguridad es un exdiputado del PRO, lo que marca una transformación política inentendible. Llega al cargo con el respaldo de Fuerza Patria y del Nuevo Encuentro, el partido más importante de Morón, que lo apoyó, y hoy está en un claro enfrentamiento con Martín y nuestro espacio político.
El resultado: despidos de compañeros y destrucción de equipos de gestión que funcionaban muy bien. Incluso en política sanitaria puso a alguien sin formación adecuada, lo que está provocando estragos en la gestión pública local.

—Teniendo en cuenta que Sabbatella fue presidente de la AFSCA, te quería consultar cómo ves el rol de los medios en la actualidad.
Yo creo que los medios tienen un rol central en nuestra cultura como formadores de opinión. Cada vez es más común que no se trate solo de información, sino de la mirada editorial de esos medios, muchas veces jugando políticamente con determinados sectores.
Lo que se intentó desde el AFSCA, con Martín como presidente, fue evitar monopolios y garantizar pluralidad, una batalla democrática muy importante. Esa batalla la perdimos. Y desde entonces esos monopolios se han fortalecido, lo que dificulta la democracia, porque la gente termina recibiendo una única visión de la realidad, un adoctrinamiento permanente que refuerza los sectores de poder.
Hoy, además de la tele y la radio, las redes sociales tienen un rol muy fuerte. Los algoritmos no son neutros: también responden a intereses, son arbitrarios y patriarcales. Por eso es clave que los ciudadanos tengamos herramientas propias y pensamiento crítico para escuchar y decidir, sin que los medios y las redes “hablen por nosotros”.
Destaco que las universidades nacionales han generado pensamiento crítico y eso es fundamental: si lo perdemos, los medios y las redes dominan nuestra percepción de la realidad.
—Nosotros tenemos una queja puntual: en las últimas sesiones del Senado bonaerense no han dejado entrar a los periodistas. Esa decisión de Verónica Magario afecta a la prensa.
Sí, me parece que los periodistas deben poder entrar al Senado. Yo ya había estado en el Senado bonaerense entre 2013 y 2017, y colegas me contaban que ahora no pueden acceder. No está bien impedirlo: todos deberían poder escuchar las sesiones en persona.
No importa quién lo haga: cuando lo hace Menem en el Congreso o cualquier otra persona como puede ser ahora una compañera en la Legislatura, me parece igualmente criticable.
—Por último, ¿qué le dirías a alguien que siente que la política no le resuelve nada y piensa que da igual quién gobierne?
Nunca es lo mismo quién gobierna: eso marca la diferencia entre un gobierno que acompaña a la gente y uno que profundiza desigualdades. Un gobierno justo busca transformar realidades; uno que no lo es impone miedo y reprime.
La política tiene un lugar central: permite que las clases trabajadoras y quienes más dificultades tienen puedan aspirar a cambios. Sí, hay políticos que no actúan bien, pero también hay muchos que donan tiempo y vida para el bien común.
Cuando se dice que la política no sirve, es un intento de quitar poder al pueblo, porque un pueblo organizado y militante puede discutir, pensar críticamente y transformar su realidad. La política en sí misma no es buena ni mala; lo que importa es la acción de las personas. Por eso, fortalecer las organizaciones y la actividad política es clave para cualquier transformación.
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